Discos: “Todos los niños van al cielo” (Final Feliz, 2005) (*)
Un disco con el sello de un artista moderno como Marcos Ficks, el zonasureño más Curtis de todos, que antes de fallecer en 2008 reseñó el peligro de las relaciones en la urbe con una belleza musical lo fi tremenda en este disco, junto a una banda que creó un futuro musical aún no llegado en el indie conurbano.Por Luis Paz. Agencia NAN, 25 de julio de 2009.- En una entrevista de marzo de 2005 le preguntaron a Marcos Ficks si le gustaba Joy Division. Fue como consultarle a Joey Ramone si le gustaban los New York Dolls. Ficks tal vez haya sido lo más parecido a Ian Curtis que hubo en Argentina alguna vez. Y es una pena que haya que conjugarlo en pretérito perfecto compuesto, porque el final no fue conceptual y Marcos falleció en abril de 2008. Pero en apenas poco más de tres décadas, el zonasureño logró ser politólogo, escritor, periodista, fotógrafo, productor y músico con un talento singular, miembro de Leo García Is Dead, Les Enfants y Temperley, entre otras bandas imprevisibles como Final Feliz, el gran grupo olvidado detrás de la autoría de Todos los niños van al cielo.
El disco fue publicado en 2005 y es uno de los puntos más irreverentes y a la vez precisos en la carrera de Ficks --que también pasó por Sol, Comfort, Vedettes, Matilda Sister y Virginia--, un mash up por igual post punk y new wave entre un montón de bandas a las que por 2002 (cuando Final Feliz nació y la Inrockuptibles no era lo que hoy, el Bafici era un secreto a voces y la Bond Street dejaba de ser ghetto) era difícil acceder en una versión local, y menos proveniente del sur del conurbano: Television, Joy Division, Velvet Underground, Stooges, Blondie, Bauhaus y los Nicks Drake y Cave. La banda documentó una belleza musical lo fi --equivale a una mujer bella despeinada, ronca y sin maquillaje-- tremenda en un disco epónimo de 2003 y en otro de 2005, el que es objeto de esta reseña.
Los Final Feliz debutaron en el 2002 con un sonido particular que les dio cierta visibilidad en publicaciones especializadas y les ganó el respeto de oyentes y colegas. Grabaron su primer disco con canciones propias y una sobredosis de covers que presentaron en el CBGB local, convirtiéndolo un poco en ese original del 315 de la calle Bowery. Entremedio, Marcos (viola y voces) y Damián Bisagra (viola) fueron parte de Les Enfants y editaron otro par de discos. Durante esos años, los Final Feliz metieron a la cantante gótica uruguaya Lady Ego en la voz principal y a Vanina Arce en viola y segunda voz. En 2005, Les Enfants se acabó y Marcos volvió para tocar violas, bajos, pianos, programaciones, baterías y percusiones en Todos los niños van al cielo. Más cambios de integrantes y la banda tuvo punto final (y aún feliz) en 2007, con tres Nicolás (Zadubiec en batería, Bai en bajo y Koncurat en viola), un Federico (González en viola) y el mismo Marcos de siempre. Se desmembraron luego del show en La Cubana de 2007, Ficks armó Temperley con Zadubiec y sacaron dos discos más, Tratado sobre el odio y Work In Progress, inédito. Ficks se fue el 23 de abril de 2008.
En aquella entrevista de la pregunta innecesaria, también le consultaron si algún día irían a tocar a Córdoba. Ficks respondió: “Nos encantaría pero no disponemos de un staff propio ni contamos con manager que pueda llevarnos. Si conocés a alguien que pueda organizarnos, gustosos estaremos”. El Spirito del 77 creado por McLaren, Ramones, Pistols, Damned, Clash y Siouxie y reseñado por Nekro hecho palabras en un pibe inquieto nacido el mismo año fundacional.
¿Y el disco? ¿Está bueno? ¿A qué suena? ¿De qué hablan? Paciencia, lector. Primero, es un disco imprescindible para bajarle los humos al nuevo indie de zona sur de fin de la década; y una obra bellísima para cualquier admirador de la buena música, los arreglos inteligentes, la poesía críptica y todo eso que está involucrado en el post punk casi new wave. Segundo, suena a eso, precisamente: un daikiri de Blondie, Siouxie y Television, una petaca de Stooges, Division y Bauhaus, un shot de Bad Seeds, Barrett y Rotten. Y tercero, habla del arte, del amor, del odio, del horror, de la alienación, de la angustia, del insomnio, de la traición, del desengaño, del aburrimiento, del cinismo y de la creación. En fin, tiene el sello del artista moderno: reseña el peligro de las relaciones en la urbe. Y, pese a todo, es un disco con final abierto, que crea un futuro aún no llegado.
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Daniel Umpiérrez es un licenciado en Comunicación Social nacido en Tacuarembó en 1974 y también uno de los más multifacéticos jóvenes artistas uruguayos: autor de tres novelas, expositor de artes visuales en Uruguay, Perú, Brasil, España y Estados Unidos, cantautor y dramaturgo. Está entremedio de la serie de presentaciones de su reciente disco Dramática, grabado junto al guitarrista Adrián Soiza y donde reversiona a Néstor en Bloque, Valeria Lynch, Pet Shop Boys y El Otro Yo. En diálogo con Agencia NAN, habla sobre la redefinición del “artista de culto” en la era de las redes virtuales, explica de qué forma lo mueve la histeria y especifica sus pautas de convivencia entre el Dani pintor, cineasta, escritor, director y cantor.
Entremedio de la difusión de su disco con Soiza y la preparación de un segundo álbum solista (que será “más bailable y pop”), estrenó hace semanas su comedia musical Nena, no robarás en la sala Batato Barea del Centro Cultural Ricardo Rojas (sábados a las 22.30 en Corrientes 2038), protagonizada por Romina Ricci, el cantante Dennis Smith (finalista de Latin American Idol) y un equipo de 11 de jóvenes actores del circuito independiente. “Leí una crítica que decía, como negativo, que la obra por momentos se parecía a algo de Cris Morena. Pero no lo tomé como una crítica porque, si me conocés un poquito, te das cuenta de que para mí hacer algo para ella sería muy sublime, muy lo más. Es un mundo que tengo totalmente idealizado y lo defiendo como género y como estética. Me marcó mucho la tele”, revela Umpi.