Una velada con una hechicera del pop (*)

Con una rara combinación de fragilidad y magnetismo, Cat Power, la cantante nacida como Charlyn Marshall recorrió un set de canciones que erizaron la piel y dejó en llamas a una sala repleta que se quedó empezando a contar los días que falten para su regreso.

Por Luis Paz. Cultura & Espectáculos – Página/12, 18 de julio de 2009.- Un día, por equis razón, simplemente ocurre la suerte de encontrar la belleza. Podrá ser una alta, morocha, punk, lánguida, respingada o escatológica. Bellezas al fin, las habrá para muchos aún siendo pocas. Pero cuando aparece la indescifrable, ésa que reclama sin decir qué, frágil y delicada, salvaje y abusada, dulce y perturbada, se enfrenta a una rareza de segundo grado. Y eso tan magnético es lo que tiene ella, que representa eso de lo cual hay lindo y feo, hermosos y horrendos, belleza... ¿y qué? No hay qué: la belleza es como la virtus, lo único que se le puede oponer es su ausencia. Por eso, cuando simplemente ocurre la desgracia de verla marcharse, el reflector la sigue y se ven sus ojos idos, lo único que queda es intentarlo: volvé pronto, bella.

Su delirio, su fragilidad y su imprevisibilidad cautivaron a tres mil personas anteanoche en el Gran Rex. Y fueron todos suyos desde que arrancó con esa deforme versión de “House of the Rising Sun”. Es tan dama que no señaló a ninguno cuando habló de “la ruina de muchos pobres chicos”, pero fue evidente que tenía a quién. Por eso le creyeron en su lectura del “(All I Have to do Is) Dream” de los Everly Brothers: “Cuando estoy triste y quiero que me abraces fuerte, todo lo que debo hacer es soñar”. Se hizo cargo de su divinidad y el regocijo que significa, y les hizo creer con “Makin’ Believe”, ese estándar al que le puso su gran sello, la simple sofisticación.

Pero ya desconfiaba de las promesas, por la falta de palabra ajena, y prefirió ir al encuentro con una invitación ofrecida en su versión del “Sea of Love” de Phil Phillips. Le bastaron cinco palabras: vos, yo, mar, amor y mucho. Cuando bajó la marea, siguió encontrando qué decir. Aprendió de la angustia hecha amor propio de Janis Joplin a cantar sobre una “Woman Left Lonely”. Sí, “las fiebres de la noche queman a la que no es amada”, pero, ¿cómo marcárselo a ella, que ya aprendió a los golpes que “cuando él no sabe mantener su camino, ella tiene que hacer lo mejor que pueda”? Lo que mejor le resultó fue seguir al pie de la letra la canción de los Highwaymen, robarse “un semental plateado con la piel sedosa sin marcar”, decirle que podía confiar en ella “como una hermana” y hacerlo dudar sobre si algún día lo volvería a “ensillar y montar”. Reincidiría, aunque para hacerlo darse cuenta se fue a dar un paseo por “New York, New York”, desensamblando hasta dejar irreconocible esa canción de Frank Sinatra.

El trance elíptico de su banda, facilitado por el tremendo batero que es Jim White (Dirty Three) y la precisa Telecaster de Judah Bauer (Joe Spencer’s Blues Explosion), enmarcó su belleza más que su flequillo. Pero aún con ese respaldo, Cat Power fue compasiva con el que le falló en esa versión conflictuada del “I Lost Someone” de James Brown. Sabe pegar con que “él no es nada, sólo un extraño”. Pero le sobra altruismo y por eso en “Lord Help the Poor & Needy” le pidió a un Dios en el que no cree que ayude al pecador, “porque enfrentamos el mismo sol naciente”. Con “Fortunate Son” fue tanto blues, jazz y poesía en movimiento juntos que lo único posible fue balbucear: “Ese no soy yo, no soy yo, no. Nunca lo seré, yo no soy afortunado”.

La mayoría se resignó, pero ella siguió guiñándole los dos ojos al estúpido que no se dio cuenta en “Metal Heart” de lo que decía más allá de su severidad: “Oh, escondidito, escondidito, ¿qué intentás probar? Escondidito, escondiéndote no valés nada”. Y ahí sí, palcos, plateas, escenario y libretas se vieron cayendo en el mismo resultado: lo tristes que son las restas, el desolador producto de que un término juegue a las escondidas, la enfrascadora vergüenza que sobreviene al mal cálculo. Lo graficó con el único lenguaje más universal que la matemática, la música. Tomó del “Blue” de Joni Mitchell aquello de “la tinta en la aguja y, debajo de la piel, un hueco que llenar”, y lo unió con tanto concepto al “tengo tu foto, ésa que me diste y está firmada con amor, justo como solía ser” del “She’s Got You” de Patsy Cline que fue imposible saber cómo, tras lágrimas y mugre, aún creía.

Será que algún séptimo día se enfrentó contra el “Dark End of the Street” de Dolly Parton y sobrevivió. Ya sabe que “el tiempo toma sus víctimas” y que “tendremos que pagar por el amor robado”, entonces puede comprender por qué, aún así, “mientras el amor se fortalezca, seguiremos robándole en el oscuro final del callejón”. El único escape de ese infierno era hacerlo arte o hacerse cargo, y la cantante entendió que no puede hacerse uno sin lo otro. Al menos, eso fue lo que transmitió en “The Greatest”, esa genialidad suya: “Una vez quise ser lo más grande, dos puños de sólida roca con cerebros que pudieran explicar emociones. Pero llegó el desborde y las estrellas convirtieron a la profundidad en polvo”. A la misma idiotez humana se refirió en “Lived in Bars”: “¿Quién tocará la batería, guitarra o teclado con chorus mientras caminamos la playa sin hallar nunca el destello de aquel hombre?”.

El estúpido recién se dio cuenta en “The Tracks of my Tears” (“Life of the Party”) de Smokey Robinson: “La gente dice que soy el alma de la fiesta porque digo uno o dos chistes y puedo reír alto. Pero estoy triste, mirá bien, verás mi sonrisa desencajada. Y si mirás más cerca, te será fácil trazar el camino de mis lágrimas”. Para sentencias como esas es que la desean, a Cat, Charlyn Marshall, Chan, como ella prefiera. Por cierto, ¿cuántas veces le habrán preguntado “Could We”? Tantas que es fácil comprender por qué sólo hace parte de ese tema. O entiende mejor que muchos qué es la precisión: “¿Deberíamos levantarnos? Hagámoslo, vistámonos y te dejo que me acompañes de vuelta a casa”.

That simple e igual de certero que el “I’ve Been Loving You Too Long Now” de Otis Redding, al que homenajeó del mismo modo que a todos los demás: sin prejuicios, pero con habilidad y arte, desfigurándolo por completo. Ahora, ¿cómo pudo hacer “I Don’t Blame You”? ¿Cómo no ve que a veces hay quien espera la cachetada y no el perdón? Si lo merece, podía culparlo y cantar sólo esa parte del “triste truco” que él creía que tenía que hacer. Porque le agradecieron que no lo culpara, pero de ese modo dejó a miles de otros hombres sin su debido castigo.

Y ahora, que se va como una “Ramblin’ Woman”, tan escapista como ese Hank Williams, regando los pasillos del Gran Rex de esperanza cuando reconoce su debilidad –“Algunos de mis amigos dirán que no soy el Bien, que nunca sentaré cabeza. Pero si tan sólo pudiera”–, los seis mil ojos la ven entre humo y metralla, contenta y desnuda, matando canallas con su canción de futuro, como en la “Canción del elegido”.

Y con ella se va la esperanza de la redención. Por eso, una vez más, por favor sólo una más: regala su mirada, como hizo en “Píntame angelitos negros”, ese poema del venezolano Andrés Eloy Blanco que hizo suyo: “Si al cielo voy algún día, tengo que hallarte en el cielo, angelitico del diablo, serafín cucurusero”. Una hora y media le bastó para redimir una y tres mil almas, que la verán en el Cielo o cuando vuelva por aquí. Pero de uno u otro modo, Chan, que sea pronto.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/3-14610-2009-07-18.html

Uhh, qué flash (reader) (*)

MatiasTV, Colores Corrosivos, Los Cortina y Toronja Producciones son cortos, animaciones y satiras kitschs que inundan la web en estos tiempos de barbijo feliz. De los “celulares floggers bisecsuales” a “organizar un piquete violento en todos los cines de la Argentina para que nunca se estrene la pelicula de Dragon Ball” hay mucho para ver.

Por Luis Paz. Suplemento NO – Página/12, 16 de julio de 2009.- Cuando aparece la pandemia, ocurre un precario y tácito contrato social, un nuevo modelo de estado de sitio. Teatros, clubes, cines y otros espacios culturales cierran. Los que son padres deciden invertir lo que gastarían en salir a cenar en barbijos y potes de alcohol en gel. Los grupos de amigos no encuentran boliches abiertos y hacen reuniones en casas, pero los delivery de bebidas tienen horas de demora y siempre está la posibilidad de que alguien arruine la fiesta. En ese clima casi postapocalíptico a la Phillip K. Dick, la diversión y el esparcimiento se revalorizan en la esfera de lo privado. Pero la reclusión puede llevar a la masturbación compulsiva. ¿Entonces? Una vez más, Internet ofrece la respuesta en los ejemplos de MatíasTV, Colores Corrosivos, Los Cortina y Toronja Producciones: animaciones locas, cortos de humor absurdo e inteligente y sátiras kitsch entre Capusotto y Tinelli para quien adolece de posibilidades de ocio y hace días que no encuentra la sonrisa más allá de su barbijo.

“Tenemos chicas y chicos lindos, dibujos parlantes que se mueven con muchísimos colores, caramelos ricos y drogas. Si no te metés, te pongo. Besitos.” De ese modo, Matías Choto, que dice tener 21, ser viudo y medir un metro ochenta, presenta su producto, Matias-TV.com.ar, hogar de los Movil Rangers –unos “celulares floggers bisecsuales”, escatológicos y puteadores que combaten al Monstruo Caradeorto, al Monstruo Malparido y al Monstruo Chupanasta–, los Telechubbies –una webserie repleta de publicidades ficticias en la que los cuatro muñecos más odiables de la historia se enfrentan a un productor de televisión desquiciado por el rating– y La Brigada Comidita –protagonizada por un mate, una empanada y un chorizo que luchan por el Bien, con las participaciones especiales de Barney, Shrek, Wanda Nara, el Pato Donald, Inodoro Pereyra y Superhijitus–-.

La oferta es suficiente para pasar las vacaciones de invierno, el receso universitario o la licencia conseguida del laburo gracias a una revisión médica trucha. Pero si la cuarentena se extiende, MatiasTV da otras posibilidades: juegos en flash inspirados en sus series, en los que nada es lo que parece; y “otras animaciones impresionantes” como un videoclip inédito de Evanescens, outtakes de Harry Petter y una explosión de carcajadas gracias al Bebé Puto.

Animaciones y guiones corren por cuenta de Matías Choto, que en algunos blogs y foros de Internet se convirtió en una celebridad gracias a sus ocurrencias. Un pibe que, probablemente, no haya ido jamás al analista. De cualquier forma, MatiasTV viene a ser otra demostración de cómo las nuevas tecnologías facilitan la factura de obras de humor, incluso cuando se trata de una propuesta crítica con los “celulares palanca al piso” y los productores de reality shows.

Otro ejemplo de animación humorística y digital en flash es Colores Corrosivos (colorescorrosivos.blogspot.com), una coproducción entre el guionista Aníbal y el dibujante Magrio con una pequeña galería de cortos sobre un juez que juega a darle garrotazos a todo lo políticamente incorrecto, una sesión de acupuntura que termina con un puercoespín sodomizando al protagonista y una demostración de que “la libertad es fanática” tan ocurrente que mejor no revelarla. Además, Colores Corrosivos ofrece relecturas de cuadros y cuentos que han logrado fama y la sensación siempre presente de dejar moralejas.

En otro esfuerzo de producción sin precedentes, Toronja Producciones (toronjosadventures.blogspot.com) revivió el clásico kitschnerista de El Símbolo que fue "La isla del sol" y lo convirtió en "La isla de Lost", un videoclip que fue hitazo en YouTube gracias a un estribillo de los memorables: “Ojo con Locke / en la isla de Lost”. La canción recorrió radios y el video canales y noticiarios. Al comienzo, Jack, Kate, Sayid, Sawyer, Hurley y Locke realizan una coreografía con guiños a algunas escenas de la serie, pero luego el videoclip hace una serie lisérgica de elipsis y acaba en todos apretando en la escotilla. Un poco allí está lo mejor de los Toronja, la sorpresa.

Pero hay mucho más para los que no siguen, siguieron o seguirán la historia de los sobrevivientes del Oceanic 815. Como prometen desde su institucional: “¿Toronja? ¿producciones? ¿Mi vieja qué? Muchas preguntas que tienen respuesta pero no aquí... Aquí sólo encontrarán videos re gore, bizarros, cortos extraños, animaciones mal hechas, y las noticias que esta putrefacta productora es capaz de brindar”.

En principio, los videoclips musicales y publicitarios de la bebida Toronja, “Dragon Ball” (“Si usted quiere organizar un piquete violento en todos los cines de la Argentina para que nunca se estrene la película de Dragon Ball”) e “Hija flogger” (“Si usted quiere darle masa a las amigas de su hija flogger mientras toman sol desnudas en la terraza de su casa”). En ambos casos, “si se da la ocasión y le pone el corazón, no se quede con las ganas”, proponen los cinco Toronja Producciones. El slogan de la campaña: “La vida es... tomatelás”.

Los Cortina son otro de los pocos ejemplos de humoristas –incluso se los podría llamar actores– que le ponen el cuerpo y no el pincel (o el cursor) a sus producciones. En los cortos que presentan en su sitio LosCortina.com.ar, Martín Musotto y Fernando Aloisio combinan el chiste sutil con el costumbrismo, aunque con cierto grado de bizarría tal vez radicado en su facilidad para inventar palabras y conceptos, lo que a su vez puede buscarse en su recurso madre: la improvisación. Y en eso son especialmente precisos cuando se olvidan de Todo x $2. Así lo intentarán demostrar en Los cortina en el Edén, su primer largometraje, que fue filmado en Córdoba durante tres semanas y otra en Buenos Aires, donde llegaron a filmar en ¡un aeroclub!

Estos sitios pueden otorgarle a cualquier lector del NO más o menos acostumbrado a leer a Gustavo Sala una sonrisa. En ocasiones, y con ayuda de sustancias facilitadoras, como los amigos y otras yerbas, provocarán risas. Pero como ya dijo Vicentico, “los caminos de la red son muy difícil de andarlos” y a cada momento aparecen nuevas ofertas de diversión gratuita apta para todo público (que tenga banda ancha).

Si no, basta recordar las experiencias de los Cual Cerdo en doblaje de escenas de la vida natural (aquel video del “canguro puto” o aquella escena de necrofilia entre dos palomas); revisitar los CD donde están los backups del disco rígido del comienzo de la década y reencontrarse con El Mono Mario, Alejo & Valentina y todo Loco Arts, o investigar los canales de YouTube, los blogs, los foros, y todo eso que tanta diversión puede ofrecerle al recluido por la peste chancha.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-4162-2009-07-16.html

Discos: “Underground” (Decenadores, 2008).-

Difícilmente al que escuche el primer disco del cuarteto porteño de hardcore le quedará marcado un estribillo memorable. Pero, aún así, este álbum da cuenta de que los Decenadores tienen los elementos necesarios para crecer en el género: un sonido compacto, mucho impulso y bastante profesionalismo.

Por Luis Paz. Agencia NAN, 11 de julio de 2009.- Cualquier artista en cualquier disciplina se enfrenta en cada nueva obra ante al menos dos desafíos: uno de tipo formal, que tiene que ver con exceder el cliché de la escena o escuela en la que se inscribe; y otro de tipo conceptual, que se desprende de hacer el balance entre la catarsis del autor y la historia que se debe hacer objeto para ser ofrecida a un público --esto es: cómo producir un discurso artístico que no parezca un monólogo del autor frente a su psicoanalista--. Comúnmente, el hardcore argentino (más bien, sus hacedores) ha caído en desgracia. Es que, demasiado a menudo, sus canciones se marean hablando sobre la energía, la voluntad, las virtudes del corazón y las miserias de la ciudad sobre melodías escuchadas cien veces antes.

En Underground, su álbum debut, los Decenadores no llegan a promocionar los desafíos, pero aprueban y dan pautas suficientes como para pensar que tal vez, en algún tiempo, puedan revertir el aburrimiento más que con que distorsión y cortes. Su principal virtud está en su en vivo, lo que vale a decir que su interpretación es más interesante que su composición, para la que se valen de algo del grunge y el indie punk rock platense y rosarino, y de todos los típicos elementos del hardcore punk, entre ellos la habitual estrofa en la que bajo y batería quedan al frente, junto a las voces, y las guitarras se repliegan. Una típica estrofa que debería simplemente dejar de existir por al menos cinco años, por el bien de la escena.

Pero el cuarteto oriundo de Belgrano logra, gracias a su empuje musical, salvar las inconsistencias. En su primer álbum luego de varios demos y EPs, llegan a un sonido compacto y aún así ágil, aunque el hecho de que ciertos recursos les surjan con naturalidad no los exima de aquel cliché. Sí, el problema es que también vuelven a decir “mierda”, a hablar de adicciones que hacen mal y de una sociedad que quiere que todos sean iguales. Pero la solución es que lo hacen con una relativa poética que se hace más rica hacia el final del disco: “Nada más simple que perder todo lo bueno que no fue” (“Nada más simple”); “Disfrazado de mal humor, no soy yo” (“Ociarte”); “Una bala sin disparar viajando por las venas de los que se irán” (“I see dead people”).

Optimismo a toda hora y pedales a toda máquina, así podría definirse al disco registrado por el cantante Ignacio Álvarez, el guitarrista y corista Gonzalo Gallo, la baterista y percusionista Silvana Colagiovanni y el bajista Pablo Serioli con la participación de Tery Langer en guitarra acústica, Gustavo Lozano en teclado, Andy Vilanova en percusión y Hernán Cabado y Marty en voces. Además, el baterista de Carajo realizó la coproducción de Underground junto a la banda.

Algunos lectores los recordarán como los ganadores del concurso “El Nacional”, organizado por Much Music y Proyecto Under con el patrocinio de la gaseosa de Fido Dido. Otros quizás los hayan visto tocar en Mar de Ajó y San Bernardo al comienzo del siglo, vendiendo sobre un pareo aquel primer demo. Otros, en el Roxy o algún otro espacio porteño más o menos caretoide. O en el Cosquín 2003. Con Babasónicos, Mimi Maura, Fito Páez o Totus Toss. En fin, se trata de una banda que ha recorrido lo suficiente ese Underground como para pedirle un poco más a la hora de definirlo, describirlo y vivirlo.

Pero al dar muestras de suficiente impulso y profesionalismo como para seguir creciendo por dentro y por fuera de las estructuras formales del hardcore, el grupo tiene la materia prima necesaria para trascender esa historia playera, aquel concurso mediático y este primer disco tibio, del que difícilmente uno se queda con algún estribillo memorable.

MySpace:
http://www.myspace.com/decenadores

http://agencianan.blogspot.com/2009/07/discos-underground-decenadores-2008.html

De todo como en botica (*)

Los mejores posts de la comunidad virtual argentina tomaron forma de tinta sobre papel, en un libro que compila desde recetas para enfriar la cerveza al instante hasta el secreto de por qué los mosquitos pican más a unos que a otros.

Por Luis Paz. Suplemento NO – Página/12, 9 de julio de 2009.- Elegiste una vida, un laburo, una carrera, una familia, un jodido gran televisor, lavarropas, todo lo de la intro de Trainspotting. Saliste del laburo, te salvaste por un barbijo de pegarte la porcina en el bondi, el portero te pasó los resúmenes de dos tarjetas, subiste diez pisos por la escalera porque el ascensor no funcionaba y encima esa mañana te encontraste un vello encanecido. ¿Qué más te puede pasar? Claro, que el que vive con vos haya dejado la puerta de la heladera abierta y tu lata de birra esté caliente. “La pucha”, decís y la mandás al freezer, consolándote con que en media hora estará fría. O abrís Taringa!, el libro en la solución mágica que Pirulo, uno de los más de cincuenta usuarios del megaforo de habla hispana que fueron compilados en la publicación, ofrece en la página 57: “Lo que hacemos es introducir la lata en un recipiente con agua y sal dentro del congelador por tan sólo dos minutos”. “¿Dos minutos? ¡Pero yo la quiero ahora!”, diría Homero.

Por supuesto, el quinteto de amarillos más conocido del mundo también está presente en este libro de 200 páginas repleto de curiosidades, informaciones, anécdotas, datos, frases, cifras, explicaciones, recetas, consejos y juegos para emborracharse con amigos, un título ideal para estancarse entre el grifo y la canilla fría del bidet o sobre la mochila del trono con tapa. Allí residen las dos mayores virtudes del volumen: su utilidad accesoria y su eficacia a la hora de estabilizar la flora intestinal. “La idea fue mostrar lo más representativo de lo que hay publicado en el foro y llevarlo a otro soporte como un reconocimiento a los taringueros”, le explica al NO Hernán Botbol, responsable de Taringa! junto a su hermano Matías y Alberto Nakayama. De ese modo, esta obra de editorial Sudamericana federaliza el acceso al foro: donde el cable del alargue no llega o donde no engancha wi-fi, allí estará el libro.

A todo esto, ¿qué es Taringa!? Bueno, como su lema es “inteligencia colectiva”, que labure el resto. Federico Wiemeyer explica desde el prólogo “Taringa! para abuelas” que se trata de una comunidad de Internet en la que a diario miles de personas publican cosas. ¿Cuáles? Poesías, discos, fotos, videos, juegos, noticias, manuales, denuncias, pedidos de donantes de sangre y el estado del arte de la investigación sobre la existencia de Pie Grande. Sigue Wiemeyer: “La mejor definición que me dieron fue: Taringa!, si no tenés tiempo, no entrés”.

La proliferación de contenidos está atada, claro, a la proliferación de usuarios: uno de los primeros posts (perdón, ¡capítulos!) del libro asegura que a fines de noviembre existía 1,2 millón de usuarios; actualmente, Botbol estima que hay “cerca de 2,5 millones”. Si uno de ellos quisiera presentar un proyecto para su tratamiento legislativo, con que la mitad de los taringueros firmen apoyando su presentación ya debería ser tratado. Otro ejemplo: si los taringueros se agarraran de las manos, cortarían al medio la Argentina, desde Buenos Aires a Mendoza, ida y vuelta. Y si el virus de la Influenza A (H1N1) se propagara por vía electrónica, Taringa! sería un gran peligro para el mundo.

“A simple vista, parece fácil hacer un libro con el aporte de los usuarios, pero el proceso de selección fue difícil porque ya tenemos casi un millón de posts, e hicimos las correcciones de gramática y de ortografía, el diseño. El libro llevó tiempo”, admite Botbol. Ese último punto, el diseño, es el tercer atractivo principal de Taringa!, el libro: es imposible dejar de mirarlo, de buscar personajes ocultos en las obras de píxel art a cargo del grupo eBoy, de querer una copia más para la repisa... “Lo bueno es que el libro no te calienta los muslos, como sí pasa con la notebook si te la llevás al baño para seguir taringueando”, destaca Botbol. El problema fue el que sistemáticamente aparece cuando se trata de definir, describir, caracterizar y documentar lo que ocurre en la virtualidad 2.0: al ser tan dinámica, ¿cómo no quedar pagando al decir o mostrar algo “viejo”? Bueno, “los posts en formato multimedia, con videos e imágenes, no entraron por las características de lo impreso y otros posts quedaron fuera de la selección porque eran muy largos. Todo el tiempo aparecen posts súper interesantes y eso tiene Taringa!: hoy un dato no está y mañana suma 10 mil comentarios”.

–El internauta argentino medio es quejoso, ¿el taringuero también?
–Los que aparecieron en el libro se sintieron muy orgullosos y contentos, porque justamente lo que buscan los usuarios de Taringa! es compartir y ser reconocidos por sus aportes. Pero sí, hubo muchos posts de usuarios enojados porque no estaban en el libro. Lo que saben es que en nuestra voluntad siempre estuvo elegir lo representativo.

El día de la charla, en la oficina de Taringa! festejaban haber roto “un nuevo record” de visitantes el lunes: casi 3,3 millones. “Nuestro objetivo ideal sería que el techo de usuarios del foro sea el de usuarios de Internet, porque la intención es que todos encuentren lo que andan buscando y que el que quiera compartir pueda hacerlo”, se ilusionan.

Pero, ¿qué más hay? “De todo, como en botica”, se decía antes: está Kazuki Ito, el referí del Winning Eleven que sólo tiene tarjeta roja; un diccionario para decir “me importa un pito” en inglés (“It matters me a whistle”); un curso acelerado de chamuyo y, para balancear, las 10 razones que dan cuenta de que tu novi@ es histéric@; recetas para pizzas, galletitas y pochoclos; la explicación de seis tipos de nudos de corbata; una guía de lo que se aprende gracias al cine (como que “no es necesario decir hola ni adiós cuando se habla por teléfono”); las respuestas más curiosas de un examen de medicina (“¿las vísceras?” como ejemplo de un “parásito interno”); consejos para levantarse temprano y enfrentarse a una entrevista laboral; una esclarecedora explicación acerca de cómo sueñan los ciegos y la Gran Verdad revelada de este siglo: ¿por qué los mosquitos pican más a unos que a otros?

“Las ganancias generadas por el libro serán donadas completamente a Un Techo para mi País, una ONG que trabaja con familias en situación de extrema pobreza y sin hogar”, promete Botbol. En paralelo, Taringa! está desarrollando un sistema de publicidad que “sería algo bastante revolucionario porque va a permitir sólo ver las publicidades de cosas que nos interesen”. Y también se está probando un nuevo servicio que consistirá en la posibilidad de crear “mini-taringas por preferencia, tema o comunidad”. En el medio se mudarán a nuevas oficinas y pondrán a punto la versión en inglés del sitio. Para que aquel sueño bolche-tecno de que todos compartan todo esté cada día más cerca. Para que algún día el pueblo no diga “de todo, como en botica” sino “de todo, como en Taringa!”.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-4152-2009-07-09.html

Haiku XI.-

Las prostitutas se sucedían
como árboles al costado de una autopista
recientemente inaugurada.