Discos: “CD-Recordable” (Emisor, 2008) (*)
El músico electrónico Leonardo Ramella decidió volver a publicar lo ya publicado en los cuatro discos piratas que editó a principios de siglo. ¿Cuál es la novedad? Que, a fines de la misma década, la selección, remasterización, serialización y reconceptualización de aquellas canciones sirven como primer acercamiento al manifiesto musical electrónico de diez años en los que los seres orgánicos estuvieron cada vez más interpelados por los seres informáticos.
Por Luis Paz. Agencia NAN, 24 de enero de 2009.- A Emisor no le interesa la comunicación, sino la expresión. Irónico, desde el punto de vista nominal, pero bastante lógico si se atiende a su música, desde sus inicios en proyectos desquiciados (y no tanto) como El Corte, Resonantes, La Forma, Capulco Gold y Mimilocos. CD-Recordable viene a resumir, en tanto la compila, su producción “ilegal”, esa serie de cuatro discos vírgenes grabados y editados en casa, decorados con fibrón y etiquetas, y presentados en cajitas slim con los diseños de tapa de Silvia Canosa, esposa del músico Leonardo Ramella (a.k.a. Emisor), suerte de Stravinsky moderno que copypastea secuencias sonoras, algo así como un loopeo asistido por el humano.
Y en toda su obra, pero especialmente en su novedad discográfica, siempre se dio esa cruza de lo orgánico --del músico, el clima, el ambiente y la situación-- con lo mecánico --la informática, la técnica musical, las nuevas tecnologías y el soft como herramienta principal-- para darle forma a canciones retrofuturísticas en las que las serpientes de cascabel conviven con campanillas de bicicleta en momentos de instrumentación industrial. ¿Se trata de una novedad aún cuando compila una selección de temas de Eventualidad, Contumaz, Local y La Noche del Mundo, editados en CD-R entre 2001 y 2003? Por varias razones, lo es.
En principio, lo dijo Lotman, todo resumen de una obra en sí, no es la misma obra sino otra distinta. Pero en el plano musical, nadie está demasiado acostumbrado a darle la derecha a un disco con canciones ya publicadas. Entonces habrá que agregar otros elementos: la remasterización de los tracks, el rediseño estético en su presentación y el elemento más importante en esto, el orden de los temas dentro de una determinada línea de lectura algo inducida.
Canciones como “Constante abandono”, “Querer libera”, Colmena”, “Empleado en un sitio web” o “Entorno volátil” se separan, así, del microcosmos para el que fueron creadas (cada uno de aquellos discos piratas paridos en Adrogué) para entrar a una cosmogonía que los excede y que se parece mucho a un manifiesto de época. Esto es CD-Recordable: el recuerdo de esos discos vírgenes, pero también el comentario instrumental de una época de austeridad, ilegalidad y autogestión heredadas de la crisis de 2001; y el manifiesto políticamente punk del Emisor autor de canciones, además de ciudadano de un país en default.
Cinco años después de la edición de La noche del mundo y ocho después de la aparición de las primeras canciones para Eventualidad, CD-Recordable viene a adelantarse a los balances que este año se harán sobre la década que acaba, atravesada como ninguna otra antes por el pulso de los avances en la mecánica, la técnica y la informática de escala hogareña y personalizable. La música de Emisor, claro, también es hogareña y está personalizada, tiene los rasgos fisonómicos de su autor, un hijo de obrero metalúrgico nacido y crecido en la aristócrata Adrogué, curtido en el Parakultural y los antros punks, recluido a sus lecturas de budismo zen durante su adolescencia, sumido en la cultura sonora del afro minimal en la actualidad. Y siempre atravesado por la música electrónica per sé, la “realizada mediante máquinas, con sonidos de máquinas”.
A mitad de camino entre el cyborg psicodélico y el cyberpunk, Emisor siempre estará más alejado conceptualmente de las raves que de los festipunks, pero aún así es un exponente clave en el circuito electrónico independiente, que para más tuvo la cordialidad de volver a publicar lo publicado, cerrando la década con un tratado sobre el compromiso intelectual de su época, la abstracción psicodélica del rock, el grito orgánico de la ética punk y la diversión mecánica del baile post punk, cohesionados mediante el pulso técnico de la composición musical y la herramienta informática del software.
Sitio: http://www.emisor.com.ar
http://agencianan.blogspot.com/2009/01/discos-cd-recordable-emisor-2008.html
Ahora el rating se dirime en YouTube (*)
Por Luis Paz. Cultura & Espectáculos - Página/12, 22 de enero de 2009.- Cámara digital: $ 800. Acceso de banda ancha a Internet: $ 100 por mes. Un grupo de amigos dispuesto a actuar: sin valor comercial. Un poco de inventiva: hay cosas que el dinero no puede comprar. Para todo lo demás, existe lo ya hecho. Para todas las historias que están por ser, las nuevas tecnologías facilitan la realización de una serie con un costo mínimo de dos mil pesos anuales. Tal vez por eso la proliferación en los últimos tres años, pero especialmente a partir de mediados de 2008 de las webseries, o relatos multimediales seriados producidos en, por o para Internet como soporte y medio de distribución por defecto.
Su lógica de producción y consumo no excede a la televisiva: como producto, precisan de una planificación (aunque esto no sea condición sine qua non para sus hacedores), un presupuesto, escenarios, puesta en escena, actores, música, diseño. En fin, la misma cruza de las personas con las máquinas para lograr un fin artístico. Aunque tal vez allí esté lo más interesante: que estas producciones satisfacen los deseos de arte –cuando no los de protagonismo, fetichismo o totemismo de la propia imagen– de la gente común, los prosumidores de Internet –cada vez más productores y cada vez más consumidores, como quedó expreso en todos los estudios realizados sobre su uso en 2008–, por fuera de los fines comerciales del mercado televisivo, y con un cálculo de rating mucho más cristalino: las visitas en YouTube.
El germen
A mediados de 2006, Lonelygirl15 y Sam Has 7 Friends sorprendieron a la prensa de espectáculos y a la de tecnología angloparlante como las primeras experiencias. Creadas por Miles Beckett, Mesh Flinders y Grez Goodfriend, la primera, y por la productora Big Fantastic, la segunda, ambas fueron distribuidas vía YouTube y lograron, en poco, millones de visitas. Para la primera llegaron a ser más de cien millones en sus 26 episodios en el éter 2.0. La historia de Sam, en tanto, fue nominada a un Emmy y vivió en la plenitud hasta que un tipo con ganas de hacer negocio le quitó el encanto. Entre medio, llegaron a la Variety, al USA Today y al New York Times. El modelo se reprodujo así mediante vías de acceso global: la prensa convertida en contenido web y la propia red.
En 2007 y en paralelo al desarrollo de las redes de contacto social virtual, las webseries crecieron como fenómeno de masas. La red Bebo albergó a KateModern, el proyecto posterior de Beckett y Goodfriend, acabadas las ideas para Lonelygirl15. Aquí cabe decir, con todo respeto hacia la gente que está detrás del preestreno de Todos contra Juan en MySpace, que fueron pioneros sólo en tierras locales.
Entretanto, Big Fantastic, productora para televisión, radio y cine, largó Prom Queen, otra serie adolescente con la presunta “novedad” de ocurrir en la red, también estrenada vía MySpace y con un nivel de interacción con los webvidentes similar al aplicado aquí en Dirigime, con la siempre estéticamente perfecta y siempre técnicamente polémica Celeste Cid. Los productores estadounidenses ya estaban seguros de la sustentabilidad del negocio y se mandaron a hacer una megaproducción como Sanctuary, con la actriz Amanda Tapping y un presupuesto de más de cuatro millones de dólares. Consiguió lo mismo que Prom Queen: una nominación al Emmy, varios artículos periodísticos y poco más que eso.
El año de la explosión del fenómeno fue 2008, en sintonía con el crecimiento de las redes sociales y los blogs y sitios personales como herramienta de marketing y negocio online para jóvenes emprendedores independientes, no siempre autogestivos ni creativos, pero que al fin de cuentas renovaron la escena y le aplicaron temáticas propias del cine independiente, por oposición a la “hollywoodización” del formato.
Esperar conectado a YouTube por la publicación de un nuevo episodio empezó a tener así la misma carga narcótica para los propios que los estrenos de Lost para los ajenos y hasta la ABC y la NBC debieron hacerse eco, comprar los formatos y adaptarlos a la televisión, en un punto legalizándolos. Es más, los herederos de los hermanos Warner relanzaron la red online de WB con Sorority Forever, de Big Fantastic.
A partir de allí, a mediados del año pasado, surgieron webseries de diversas calidades, temáticas y estéticas, como Dr. Horrible’s Sing-Along, Foreing Body, LG15: The Resistance (una breve continuación de Lonelygirl15, también de Beckett y Goodfriend) o The Gap Year. Endemol llevó a cabo Kirill por encargo de MSN. Y los australianos, suerte de vanguardia de corte occidental en la producción multimedia, se fueron consolidando en el territorio online con productos propios. MTV editó Road Tour, mezclando el esplendor de la música indie con la webserie.
La importación y la impostación
Más allá del romanticismo nacional, habrá que reconocer que la televisión argentina tiene mucho de cosmopolitismo y poco de creación original: De carne somos y las teleseries costumbristas italianas, cualquier telenovela con Natalia Oreiro y los culebrones tropicales, sin meterse demasiado en la enunciación de formatos importados sin escrúpulos, como Gran Hermano y todo aquello donde aparece Florencia Peña. Por supuesto que existen excepciones a esta impostación estética y genérica, en donde la temática termina dando mayor pulso local, o la creatividad de sus autores –Szifrón como exponente contemporáneo– acaba proponiendo productos de calidad, honestos y originales. En ese mismo diálogo se encuadran las webseries industria nacional.
El caso más representativo, en tanto, partió orientado al mainstream, es el de Dirigime y su secuela Dirigime: La venganza, donde Celeste Cid encarna a una heroína casi cyberpunk à la Angelina Jolie en Hackers, enfrentada a Alejandro Fiore. Lo interesante de Dirigime fue la forma en la que expandió el control del televidente –porque si bien nació en los portales de Terra y la Comunidad Movistar, fue un producto destinado a Telefé–, que pasó de ser remoto al plano, casi, del control en tiempo real. Está bien que esto se usa aquí con bastante masividad desde los reality shows y sucedáneos, desde Escalera a la fama hasta Talento argentino, pero cobró forma de hito al incorporar la elección popular a la ficción.
Como sus ascendentes norteamericanos, europeos y australianos, las webseries argentinas están producidas, primero, para Internet, pero enseguida ganaron lugar en el televisor del living comedor y en las pequeñas pantallas de los celulares, reproductores de MP4 y IPods. La quincena de episodios del Dirigime televisivo, por ejemplo, se desglosaron en websodios de nueve minutos en la red, al igual que las 26 entregas de Lonelygirl15 se multiplicaron en cientos de pequeños relatos de entre cinco y diez minutos destinados a los viajes en metro. El paradigma de la televisión cambia así, ganando movilidad, multiplicidad de formas de acceso y reduciendo costos (YouTube es gratis, DirecTV no), y quedará a voluntad y criterio de los críticos de las artes multimediales si habrá perdido calidad.
Otro de los productos claves del 2008 en esta tendencia argentina que surgió, en cierto punto, con la reproducción televisiva de las webseries de animación El Mono Mario, el lustro pasado, y Alejo y Valentina, durante el actual, fue El Vagoneta. Se trata de una comedia para las picadas de las tardes de verano, sobre un cuarteto de amigos que queman sus ahorros en un cartel publicitario de los que adornan autopistas, con el anhelo expreso de “no laburar nunca más”. El cartel, en definitiva, es uno de esos chivos no tradicionales: la empresa que les paga a los productores de la serie aparece publicitada en la única propiedad de estos vagos prototípicos: un mujeriego, un pensador, un buenudo y un colgado. Trillada, sí, pero bien lograda.
Una propuesta interesante, desde lo más subterráneo del underground es Trashnoche, otra miniserie por entregas donde los personajes tienen particulares poderes sobrenaturales e integran una orden secreta regida por maestros que les enseñan a desarrollar sus habilidades psíquicas. “Todo gran poder conlleva una gran responsabilidad”, lo saben todos los superhéroes de Marvel, pero Eve, la coprotagonista de Trashnoche, se lo olvidó y debe recuperar su poder siendo responsable. Por último, un caso realmente pionero en esto de las webseries: la banda Hamacas al Río, que mediante YouTube muestra paso a paso los procesos de composición, grabación, edición, mezcla y publicación de su próximo disco. No será tan divertida como Spinal Tap, pero vale.
Usted tiene el control
El canal TV ShowTime (de YouTube), el sitio ComedyCentral.com, el índice WebSerials.com y el desarrollo MySpaceTV (cuna de Todos contra Juan) son las bibliotecas públicas más grandes sobre webseries. Pero la indicación es imposible en vista de la agilidad con la que nuevos proyectos suceden. ¿Y usted ya tuvo sus quince minutos de fama?
Para evitar los clichés
Como sucede con las telenovelas tropicales y con las costumbristas series argentinas, las webseries no exceden el cliché, porque no superan, en fin, ciertas lógicas de producción televisiva latentes. Para los que se sientan incentivados a realizar la suya propia, aquí va una serie de elementos que no aportan nada. Favor de omitirlos.
* Usar webcams para realizar talkshows o confesionarios en vivo. Eso no es una webserie, sino otro paso en la escalada del egocentrismo frenético. Mejor grabarlo y colgarlo en el YouTube personal.
* Usar nerds para lograr personajes entrañables y cómicos. Es cruel y, además, no porque sucedan en Internet las webseries son vistas sólo por maniáticos de la tecnología. Y para saber más sobre cómics, la mayoría aún prefiere leer revistas especializadas.
* Pandilleros, raperos, gangsters. Primero, porque aquí se está en el cono sur y no los hay (al menos con esa tipología). Segundo, porque para eso es preferible ver videos de hip-hop en YouTube.
* Falsos noticieros humorísticos. Desde los ex Parakultural a Los Exitosos Pells, el resultado siempre fue mejor en televisión abierta. En la red no tiene punch.
* Alterar los personajes en tiempos y espacios de series televisivas para hacer un pastiche poco original. Nunca se lograrán las risas que provocaban Celebrity Deathmatch y, otra vez, los ex Parakultural.
Recién salidas del closet
A comienzos de 2008 comenzó a darse una tendencia a nivel global, pero más particularmente en España y Estados Unidos, que terminó afianzándose a mediados de año: las webseries sobre y para lesbianas.
Actualmente, muchas pueden recuperarse vía foros de intercambio o siguen colgadas en YouTube. Por estos días, ya hay quince o veinte proyectos con esta temática producidos con actores de carne y hueso y existen múltiples otras webseries lésbicas de animación. Estas son las pioneras, con sus virtudes de originalidad y defectos de producción, que las llevan a abarcar géneros como el policial negro, la comedia detectivesca, el reality, la comedia de enredos y la ciencia ficción.
* Chica Busca Chica es una suerte de Sex & The City lesbo, construida en base a los microrrelatos biográficos de cada una de las integrantes de un grupo de amigas: suertes laborales, sentimentales y familiares, perversiones, frustraciones y miedos. De origen español, es una de las producciones más logradas. El problema es que sus autores vieron el claro, la compilaron y empezaron a distribuirla en formato DVD, y que YouTube bajó el último capítulo. Pero todavía se consigue en Taringa.
* GirlTrash es una historia de cinco barderas ilegales de Los Angeles sumidas en una guerra de pandillas. Algo así como La Naranja Mecánica posmo & cosmo, con un interesante resultado gracias a las actuaciones de las chicas de South of Nowhere. Se consigue subtitulada en YouTube.
* 3Way es una comedia de enredos hogareños en una casa muy particular: una divorciada, su amiga, la novia de su amiga y la ex de su amiga. Se pueden chequear sus pequeñas delicias de la vida conyugal en YouTube.
* Apples es de las más austera y, también, de las más bizarras. Otro grupo de amigas lesbianas, una maniquí y un peluche felino conviven en un departamento, se pelean, se dividen en grupos y vuelven. YouTube.
* Time Traveling Lesbian le aplica sci-fi a esta tendencia con una heroína que intenta resolver problemas históricos al mismo tiempo que lucha contra su desastrosa vida personal. Se baja de Funnyordie.com.
* B.J. Fletcher Private Eye es, claro, una comedia detectivesca con una protagonista un poco torpe y bastante poco agraciada, como una relectura lésbica del Shaggy de Scooby Doo. Menos mal que tiene a su mejor amiga y Watson, la audaz George. Se puede ver en Afterellen.com.
* Gimme Sugar! es, para concluir, la primera webserie reality, sobre cinco lesbianas bolicheras apenas post-adolescentes. Afterellen.com.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-12637-2009-01-22.html
Manifiesto cyborg (*)
Por Luis Paz. Suplemento NO - Página/12, 22 de enero de 2009.- Las plantas del jardín de Leonardo Ramella y Silvia Canosa tienen mayor concentración de clorofila que cualquier otro espacio verde en Adrogué, el distrito narcótico por excelencia del sur conurbano, y es por eso que el NO zafa del mareo producido por el olor a transpiración del remisero que lo acerca a ese hogar, una casa antigua reciclada por sus propios dueños: el músico conocido Emisor y su compañera diseñadora. El detalle botánico tiene especial protagonismo en este artículo porque la excreción glandular del conductor se había vuelto insostenible al llegar a la parada final del recorrido: el shopping Boulevard, sobre la avenida Hipólito Yrigoyen, por siempre Pavón en el imaginario suburbano. Una vez allí, no hizo falta más que bordear el centro comercial, hallar la altura de la calle Rosales y tocar timbre. Así que, en ese contexto, la entrevista comienza con una inspiración profunda de aire fresco y limpio, y acaba con los interlocutores detrás de una densa cortina de humo, en el estudio emplazado en la habitación que da a la calle y decorado con unos comodísimos sillones, una modernísima Mac y un perro anarquista que se toma el chopp del NO.
“No tengo instrumentos tradicionales porque toda mi música la hago con la compu. Eso es música electrónica. ¡Y que los rockeros se dejen de subir a la cresta de esta ola porque para hacer electrónica tenés que laburar con una máquina! Si no, estás haciendo rock con matices de electrónica.” Emisor arranca la charla bardeando, fiel a su estilo. Para entonces ya había jugado al “escritor maldito” de la primera mitad del siglo XX y al “nuevo periodista” de la segunda, con su pantalón blanco, sandalias y capelina sobre un banco de plaza, en medio de un verde nacarado por el sol, para las fotos que ilustran esta producción. “A la Hemingway”, definía entre toma y toma.
Es probable que, a esta altura de la lectura, se considere que la charla no tuvo otro fundamento que el pasar la tarde en un ambiente amable. Y en cierto punto hubo algo de eso, pero como resultante. La idea primordial fue dialogar con Emisor sobre su reciente CD-Recordable, una compilación de los cuatro discos que el ex El Corte, Resonantes, La Forma, Capulco Gold y Mimilocos editó en compactos vírgenes entre 2001 y 2003, que en sí es una nueva obra, con otro concepto y arte.
–Volver a publicar lo que ya estaba publicado, ¿tuvo que ver con documentar un manifiesto de época ahora que termina la década, o se trata de un manifiesto de tu época particular?
–Con ambos, y con otras cosas también. Por un lado edité Eventualidad (2001), Contumaz (2002), Local (2002) y La noche del mundo (2003) en CD-R porque no tenía sello y creía que esa música estaba buena y tenía que quedar documentada. Entonces, en lo personal, tuvo que ver con esa austeridad, con esa ilegalidad desde la que producía. Después está el tema de la existencia del soporte en esa época y de la realidad del país, en términos económicos: por las mías no podía sacar un CD legal, entonces lo hice así. Y, por otra parte, estaban mis ganas de llevar eso a otro plano, con otra posproducción de sonido, legalizarlo.
–¿Cómo sería eso de la legalidad?
–Hay un dato que no es menor: en Sadaic tuve que registrar todo como rock, porque ahí la música electrónica no está avalada como género. Entonces, de por sí, mi música es ilegal, no está institucionalizada. Fue todo un laburo legalizarla. Y por legalizarla digo editarla en un disco más “tradicional”, registrarla, que se venda en disquerías, que tenga una distribución, hacerle la prensa, todas esas cosas “legales”.
Uno se siente bastante estúpido cuando se hace el angloparlante y pronuncia el nombre de la nueva obra como “Cidí ricordabl” y ve que se perdió la otra parte del significado del título: “Cedé recordable”, por memorable. Por suerte, Ramella y Canosa son lo suficientemente amables como para deslizar la pronunciación correcta con cordialidad y avivar giles con sutileza. “Creo que estas canciones van a ser recordadas en el futuro”, dice él. Y es probable, por varias razones. La nominal: títulos como "La Internet nos navega", "Empleado en un sitio web" o "Serie de intensiones técnicas" son contemporáneos. Otros como "Re-volt", "Deméter", "Dominio ilusorio" o "Entorno volátil" ponen a coquetear los nombres técnicos con el romanticismo de época. Y algunos como "Adormidera", "Mnaomai" o "Metamatemático" suenan a delirium tremens, aunque más psicodélico-narcótico que alcohólico.
La estética: CD-Recordable es no sólo un compilado de autor sino también de género, que cuando parece que viene en plan dub se vuelve trip-hop, cuando arranca ambient termina house, cuando empieza minimal tech se convierte en new rave bailable, resumiendo así todo cuanto hubo desde The Hacienda, el club de Tony Wilson en Manchester, hasta lo que suena hoy en la peluquería Prana. A fin de cuentas, el resultado de la compilación acaba en chill out. La conceptual: en cuanto se escucha el beat de un tambor, y en tanto una serpiente de cascabel o el acople de una ventisca pueden coexistir perfectamente con pads y envolventes.
“Siempre hay una cruza de lo orgánico con lo informático”, sentencia sobre su música esta suerte de Stravinsky posmo, consciente de que todo copypaste precisa de la mano que mece el mouse y clickea. Y aunque esté en plan legalizador, Emisor sigue siendo en muchos sentidos un ilegal que usa sustancias y programas crackeados para componer.
–¿Es “componer” la palabra para definir tu forma de creación?
–Claro que lo es. El artista es el que predispone una situación de sonido, el que determina las ondulaciones de las envolventes, el que tiene que estar con todos los sentidos puestos en lo que está sonando para ver dónde puede pasar algo interesante. Sí, claro, yo compongo.
–¿Cómo es ese proceso?
–No puedo forzarlo, se da naturalmente, de forma orgánica, aun cuando trabajo únicamente con la computadora. No trato de emular una batería, uso sonidos de computadora como percusiones. Elijo una configuración musical, instrumental, digamos; y eso, con una ecuación de sonido, una situación de sonido particular, y una situación mental particular, para la que pueden ayudar ciertas sustancias, puede llevar a encontrar dónde está lo interesante entre todo lo que está sonando.
Pionero en la electrónica en tiempos en los que en Valentín Alsina las fábricas humeaban y el punk no tocaba para Quindimil, Emisor se cultivó con lecturas de Deleuze, filosofía trascendental y budismo Zen, y cultivó sus primeras plantas en el jardín de la casa materna. “Un día, mi vieja cayó y le había plantado marihuana”, recuerda. “Fue un lío, pero a los meses estábamos cenando con las hojas colgadas arriba de nuestras cabezas, durante el secado de la planta.” Así, como propuso Donna Haraway en el Manifiesto cyborg, el Ramella que comenzó baterista y acabó como ingeniero de sistemas sónicos logró a su manera –un poco cyberpunk, un poco psicodélica– la comunión de lo orgánico con la mecánica informática, mediante la técnica musical.
Y siempre desde una ética punk en sí misma: cuando el distrito se contraculturizaba con Endrogada en Adrogué, Leo se iba al Parakultural y a Cemento; cuando en el barrio Tomás Fonzi se convertía en VIP de Sobremonte y La Diosa Gaia, Leo se encerraba a grabar música con el Soundforge 5. Y, por entonces, lo único más lo-fi que ese programa era ¡la “grabadora de sonidos” que venía con el Windows 95 profesional! En ese sentido, CD–Recordable es de lo más Emisor entre todo lo que Ramella ha hecho hasta acá, porque compila el compromiso intelectual de su época, la abstracción psicodélica del rock, el grito orgánico de la ética punk y la diversión mecánica del baile post punk con el pulso técnico de la composición musical y la herramienta informática del software. Un documento recordable de este siglo XXI, (también) cambalache.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-3839-2009-01-22.html
THC: “Cada vez más gente sale del closet” (*)
Frente a la posibilidad de que se despenalice la tenencia de marihuana para uso personal, los hacedores de la publicación, Emilio Ruchansky y Sebastián Basalo, piden que se enriquezca el debate, hacia dentro del Estado y con la participación de ONG, jueces y especialistas.
Por Luis Paz. Cultura & Espectáculos - Página/12, 17 de enero de 2009.- Aunque breve, la historia de la revista THC reúne ya varios momentos para el recuerdo, suerte de hitos –a su manera– relacionados con cada uno de los objetivos específicos de la experiencia editorial “de la cultura cannábica”, que este mes cumple dos años de publicación bimestral y festeja con un Andrés Calamaro manos-de-tijera en su decimotercera tapa. Volver a poner a El Salmón en los puestos de revistas fue uno de aquellos hitos, comenzados en diciembre de 2006 con la presentación en sociedad y el recupero de Albert Hoffman en el centenario de su nacimiento. Luego, THC denunció detenciones durante la marcha por la legalización de 2007, la más reciente si se contempla que en 2008 no fue permitida; y accedió a un intercambio con el ministro Aníbal Fernández sobre la despenalización.
Con miles de caracteres entregados a una militancia despenalizadora y descriminalizadora, las tijeras encargadas de podar cada edición de THC –en este caso su director, Sebastián Basalo, y su editor general, Emilio Ruchansky– se convirtieron en fuentes de consulta respetables, lo mismo que sucedió con la revista que dirigen.
“El narcotráfico no es un problema para el Estado, porque le genera ganancias. El problema es el consumidor, que le genera pérdidas en el sistema penitenciario –mientras aguarda un juicio por un par de gramos de marihuana–, y que le reclama cuidados sanitarios”, identifica Basalo. En ese contexto, ambos coinciden que la despenalización es un paso necesario, pero aún menor: “Hablar hoy de despenalizar ya no es progre”, aseguran.
–¿Qué fuerza tiene hoy el debate en torno de la despenalización? En la mayoría de los medios pareció volver a retirarse...
–Hay que estar atentos a los fallos de la Corte Suprema, en particular en el caso de Rosario, por el que debe fallar en febrero. La Corte no suele tener que pagar costos políticos y eso hace que sus decisiones no estén determinadas por coyunturas sino por las intenciones de quienes la forman. Desde el primer número de THC vimos que era el camino. En medio, recibimos una sorpresa como el apoyo de Aníbal Fernández. Pero últimamente, el tema volvió a entrar en un stand by. Y eso no debe suceder, porque no sólo estamos hablando sobre los derechos de una persona a fumar marihuana en la intimidad de su casa, sino que se trata de negocios con mucha guita y poder en danza, de pibes que pasan tres años en prisión preventiva por dos porros. En esa complejidad nació y se desarrolló hasta acá ese debate, y no lo esperábamos, como tampoco que en 2008 la derecha tuviera tal avance.
–¿En qué sentido lo dicen?
–Hay una formación discursiva muy fuerte, desde la Iglesia Católica, pero también desde la ética protestante, que volvió a aparecer el año pasado en torno del paco, igualándolo a la marihuana, por ejemplo. La ley actual tiene una utilidad para la derecha, la de ser una excusa más a la hora de detener a alguien. El paco no es una droga, es un tóxico con marketing de droga. Todos los estupefacientes te dañan, como te daña una hamburguesa, porque estás viviendo el cuerpo, que desde el nacimiento va muriéndose. Pero el paco es un tóxico, es como aspirar gas de una garrafa.
–¿Pero se sigue viendo tan terriblemente a las drogas “recreativas”?
–El divertimento está pensado como improductivo, y más si ese divertimento es una disidencia en la conciencia. Y después está el tema moral: que “en el camino de las drogas te perdés y no salís más”. Por oposición a eso, en THC nos preguntamos: ¿cómo podés hacerte el boludo en un país en el que el 8 por ciento de la población fuma marihuana? Excepto que tengas un sistema penitenciario privado muy fuerte, si no despenalizás y no buscás la forma de reducirle los daños al usuario, en un momento las cárceles se te van a saturar. Tan arraigada está la negación del placer que recién se da el momento político de pensar si para un pibe con problemas con drogas no es mejor tener un médico cerca que un policía.
Basalo y Ruchansky concuerdan en que existe, para el imaginario colectivo, una relación estrecha entre pobreza, drogas y violencia. “No negamos que haya casos en los que estén relacionadas, pero un tipo más macabro de violencia lo ejerce el poder sobre los pobres.” Para sortear ese abuso, creen necesario que se retome el debate, con carácter parlamentario, judicial y ejecutivo, hacia dentro del Estado y con la participación de ONG, jueces y especialistas sanitarios. “Aníbal Fernández y Elisa Carrió, que se la pasan peleando, coinciden en que hay que hacerlo. Será un paso, pero no hay que olvidar que lo legal y lo sanitario deben ir juntos.”
–Que sustancias de uso extendido en la sociedad actual sigan siendo consideradas ilegales, ¿no es un problema sanitario?
–Sí, y los problemas sanitarios pueden empezar en la comisaría, si te agarran con un porro y le caíste mal a los policías y te agarran a trompadas. ¿Pasa? Sí, como pasa que hay pibes que afanan para fumar paco.
–¿Afanan para fumar o fuman para animarse a afanar, por otra necesidad?
–Bueno, ahí está la función del paco como herramienta de control social y tiene que ver con lo que decíamos sobre el poder ejercido en un sistema de dominación. Si ponés a la gente en una situación donde la única forma de comer es salir a afanar, acercás un tóxico barato a todas las villas y lográs convencer a la madre para que, ya que no podés atenderlo, te pida que lo encierres, entonces hacés virar a la derecha a esa gente: le creás una necesidad para controlarla, porque un pibe que fuma paco es un pibe menos cortando Puente Pueyrredón.
“En THC no promovemos, avalamos. O, de última, documentamos una realidad que no se puede negar.” De esa forma queda definido el concepto detrás de la publicación, que con debilidades y fortalezas logró instalar debates e informaciones en puestos de diarios, casas familiares y recintos públicos. “Estamos muy conformes de brindar más información en la mesa para quien quiere tener un consumo más responsable, para dejar de estar estigmatizado o hacerle entender a su familia que no es una oveja negra y que tiene el derecho de fumar faso como su papá de tomar vino. Con responsabilidad.”
–Y a la familia del usuario, ¿qué le dicen?
–Que es mejor que tu pibe se fume un porro en tu casa, tranquilo, a obligarlo a salir a fumarlo afuera y que le pase algo. Claro que es mejor. Nosotros asumimos la posición del hijo y en este tema siempre te obligan a asumir la posición del padre. ¿Por qué me preguntás a qué edad dejaría fumar a mi hijo? ¿Por qué no me preguntás a mí, como hijo, a qué edad tuve ganas, por qué tuve ganas, por qué creo que soy responsable para hacerlo?
–¿Cuál es la justificación de un nuevo medio impreso en esta época?
–Cualquier medio en papel debe tener una justificación, especialmente hoy, habiendo tantas herramientas digitales. THC tiene su justificación en papel cuando lleva estos temas a un kiosco, al lado de otras revistas; cuando tenerla en casa significa que la madre también la lea; como un objeto, que es un guiño a otros que eligen lo mismo que vos; la multiplicación que produce que la gente la lea en medios de transporte. Tenemos una proyección de 1/6: por cada revista que vendemos, calculamos que seis personas la leen. Del último número vendimos 20 mil ejemplares.
–Muchos lectores para una revista que comenzó siendo “de nicho”...
–Y se multiplican. Por ejemplo, un pibe encontró a la vieja leyendo la entrevista a Marcela Pacheco. La madre le dijo: “Qué interesante lo que dice esta señora”, por la periodista. A la semana, la mamá del pibe estaba plantando porque quería probar eso que fumaba Pacheco. A ese pibe, haber comprado la revista le brindó una ganancia política enorme en su casa.
–¿Creen que, efectivamente, la sociedad se tornó más tolerante?
–Es indudable el fenómeno de la salida del closet, como sucede con lo queer. Una palabra de la que nos apropiamos es “diversidad”, y otra “orgullo”. En EE.UU. hubo un momento histórico de orgullo de raza, de los negros, y en Inglaterra de clase. Y hay cada vez más gente que deja de encerrarse en el baño o de fumar al lado del ventilador y se hace cargo de ese orgullo, como James Brown: “I’m black and I’m proud”.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-12588-2009-01-17.html
Discos: “Contacto en Francia” (Contacto en Francia, 2008) (*)
Fernando Astone, ex Menos que Cero y Valle de Muñecas y actual Súper Ratones, brinda en el disco debut homónimo de su proyecto solista once canciones con el balance justo entre la melancolía, la épica, la delicadeza y la esperanza. Un disco de género con poca variación estilística, pero aún así, con momentos musicales y sobre todo poéticos muy interesantes.Por Luis Paz. Agencia NAN, 9 de enero de 2009.‑ Un poco de historia reciente: a partir de la muerte de Raúl Reyes, histórico miembro de las FARC, en marzo pasado en un ataque militar colombiano a Ecuador, se supo que él era el contacto en Francia para la liberación de Ingrid Betancourt. Es muy probable que aquel hecho haya tenido que ver con la poca trascendencia que tuvo Contacto en Francia, el disco debut homónimo del proyecto solista de Fernando Astone, debido a esa propia homonimia y a los algoritmos con los que se maneja Google para organizar la relevancia de los resultados de las búsquedas.
Un poco de justicia: así fue que los curiosos terminaron encontrando más artículos sobre Reyes, sobre la película de Ernest Tidyman o sobre el libro de Robin Moore en el que se inspiró aquel largo protagonizado por Gene Hackman. Lamentablemente, porque Contacto en Francia posiblemente sea uno de los mejores discos para escuchar manejando por la ruta, con rumbo Sur, y solo, con la particularidad de estar compuesto por un publicista nacido y vivido en Lanús.
Cantante y multi-multiinstrumentista (que no sólo maneja las cuerdas, sino también los parches y las teclas), Astone armó y programó durante 2007 --como paso más reciente de una carrera que se inició en Menos que Cero y Valle de Muñecas y se desarrolla en paralelo en Súper Ratones-- un álbum suavemente melancólico, con todos los downtempos característicos de sus influencias (REM, Radiohead, los Rolling Stones de algunos pasajes de Exile on Main Street, Air), pero a la vez esperanzado (“Resplandor”), repuesto del golpe (“Instante”) y con momentos líricos épicos muy bien logrados, como la canción “Nuestra fe”.
De aquellos primeros pasos en Menos que Cero y Valle de Muñecas le queda no sólo la sensibilidad del Nuevo Pop Argentino de la década pasada (de Bléfari y Flopa a Estelares y Tirador Láser), sino una amistad estrecha con Mariano Esaín (Manza), que como productor propuso en el disco una mezcla perfecta para lo que las canciones necesitaban: orquestaciones discernibles, voces con cámaras y el brillo justo en los vientos, aportados por otros amigos: Carlos Alvarado, Fermín Echevespe y Leopoldo García. Y para cerrar el párrafo obligatorio citando las fuentes colaborativas de la obra, habrá que recordar que Ariel Palavecino matiza correctamente los temas desde la guitarra, que Ulises Ursini recurre sin abusos al falsete desde los coros, y que la delicadeza percutida de Hernán Sforzini encriptan influencias de Astone: la chanson y la bossa nova. Y no se podrá obviar la lucidez de Luciana Astone para diseñar un arte de tapa que no podía ser de otro color que verde agua.
El álbum se disfruta de un tirón y se esfuma en cuarenta minutos, dejando con unas ganas locas de más. Ganas fáciles de satisfacer por la cordialidad musical de Contacto en Francia, que permite hacerlo girar horas en la lectora de CD de la computadora o shufflearlo en el reproductor portátil durante toda una tarde en la pileta. Si el oyente tiene la suerte de saber manejar, tener a disposición un coche de andar calmo y un rato libre, el regreso a casa por ruta y al atardecer podría ser orgásmico. O invitar a frenar el auto, tirarse sobre el capó y llorar.
Y un poco de balance: los temas de Contacto en Francia están tan cohesionados que difícilmente aparecerá un momento para escucharlo que no sea el del reláx (actual o muy próximo). Aunque esto no es en absoluto un defecto cuando se trata de un álbum de género que, si bien es bastante estrecho en el aspecto rítmico-estilístico, tiene la suficiente diversidad temática como para no volverse demasiado denso, una composición lo suficientemente interesante como para eximirlo de ser una obra leve, y algunos pasajes poéticos maravillosos, como todo “Nadar”, el track 03: “No se nadar en calma, quedate, hay discos en casa”.
MySpace: http://www.myspace.com/contactoenfrancia
http://agencianan.blogspot.com/2009/01/discos-contacto-en-francia-contacto-en.html
Sueños infantiles que se empiezan a afinar en Do (*)
Por Luis Paz. Cultura & Espectáculos - Página/12, 4 de enero de 2009.- Ver a un pibe correr cuesta abajo por los pasillos de una villa tiene múltiples sentidos e implicancias con los que los creativos detrás de los avisos publicitarios de Puertas Pentágono se podrían hacer un festín. Parados desde aquella óptica, si se confeccionara una lista, sería extraño que el pibe que corre hacia aquel montículo de tierra, neumáticos y residuos, el sitio más alto de una villa en Unquillo, lo hiciera para que un francocanadiense le enseñara a tocar armónica. Pero el destino es real, es el certero cruce entre el camino de Levy Bourbonnais, que vendió sus pertenencias y emprendió una cruzada en Latinoamérica para acercar a niños y jóvenes al instrumento, y otra cruzada con pulso local: la de los habitantes más pequeños de los barrios más postergados por reinsertarse en una sociedad que los separó y sacó de todo lugar.
La idea original del proyecto, que tomó forma real en una fundación y forma virtual en el sitio Onica.org, surgió a partir de un intercambio de Bourbonnais, licenciado en jazz performance con armónica en la Universidad McGill (Canadá), con su amiga Josselyn Alvarado, relacionada por su trabajo social con instituciones civiles cubanas. A partir de aquel diálogo surgió la primera posibilidad práctica de realizar un taller de armónica en La Habana, en 2005, en colaboración con La FabriK y el conservatorio Amadeo Roldán.
En 2006, la iniciativa intervino en la realidad de un grupo de niños de la villa El Salvador, de Lima, y en la zona de Huanchaco, también en Perú. En las fotografías que documentan aquella estancia del proyecto se cruzan emocionantemente los rulos alborotados de Bourbonnais con la sonrisa de chicos que, en ocasiones, fueron entonces considerados útiles y productivos por un ajeno por primera vez en su vida.
Los talleres integrales llegaron finalmente a Argentina en 2006, en la localidad de Unquillo, en Córdoba, como un emprendimiento conjunto con cuatro asociaciones: el grupo comunitario Rosas y Espinas; la escuela Juan Bautista Alberdi, la Casa del Niño y el centro comunitario El Vagón. Allí, decenas descubrieron la producción musical. “Yo quería que aprendieran una canción, una sinfonía, pero me di cuenta de que para la mayoría, éste era el primer instrumento”, rememora Bourbonnais, que luego del episodio cordobés pasó de visita por Buenos Aires y se enamoró de todo lo que había por hacer.
Ya de regreso en Canadá, estrechó vínculos con una productora japonesa de armónicas, consiguió el apoyo de la Embajada de Canadá y otras instituciones de ese país y vendió todas sus pertenencias para entregarse al trabajo social a partir del arte musical, sin olvidarse de lo performático. “La armónica es accesible porque es barata, no precisa mucho mantenimiento y para los pibes tiene más onda que una flauta dulce”, explica el músico, matizando expresiones locales con su particular acento anglofrancés.
Con las valijas cargadas de diatónicas afinadas en Do, regresó a Buenos Aires en 2007 con un concierto a beneficio de una fundación que por entonces se inauguraba y que hoy ya modificó, en muchos sentidos, las realidades de cerca de 150 niños y jóvenes. “No me importa cuántos armen una banda, lo que me interesa es que todos tengan las mismas posibilidades de aprender un instrumento, de decidir si les gusta, de conocer la experiencia”, se posiciona Levy. Las dificultades no fueron pocas. En principio, no le fue fácil acercárseles. “Me hubiera sido más fácil si tocara cumbia”, ironiza, poniendo de manifiesto que “a veces la cumbia parece ser la única música que cabe en la villa”.
Cuando se enteró de la existencia de la Villa 31, quiso conocerla y, luego, interceder también allí. “Fue muy duro por la época, en noviembre, con el cambio de gobierno, las vacaciones por venir y el rumbo económico del país.” El panorama no fue mucho más cordial en Villa Castelli, La Rioja, ni en Parque Patricios, donde se realizaron los últimos talleres junto al Chela, un centro mediático latinoamericano que trabaja con personas jóvenes en situación de riesgo. “Sentí muchas diferencias entre Buenos Aires y el interior, que claramente tiene que ver con la demografía de cada lugar. La Capital es el retrato de la locura que en ella ocurre, con tanta gente y cosas moviéndose muy rápido, y eso dificultó armar cosas entre organizaciones”, reconoce.
En los talleres integrales que dicta Onica se enseña desde la interpretación del instrumento hasta la improvisación, pasando por los cuidados para el mantenimiento de la armónica, ejercicios de respiración y la instrucción en la tocata grupal. La mayoría de los chicos que asisten tiene entre ocho y doce años, pero no faltan ejemplos de participantes entre los cinco o seis y los dieciocho. Los pibes se apropiaron así de la teoría y la práctica musical y coronaron el aprendizaje con conciertos públicos a beneficio. Levy, por su parte, aprendió con gusto diferentes culturas y a enseñar. “No fue difícil porque tengo una pasión inmensa por el instrumento, pero existe esa idea del músico concentrado en su carrera y en performar, que no tenía que ver con esta movida. Fue un desarrollo paralelo a la función de maestro”, concede este armonicista, muy solicitado en la música contemporánea local.
Todas aquellas experiencias permiten hoy unificar en dos renglones el fundamento de la iniciativa: “Estimular la iniciación musical de jóvenes que viven en zonas carenciadas con la armónica como instrumento principal”. Y esto siempre entendido desde la música como expresión fundamental de la Humanidad y como elemento estrechamente relacionado con el desarrollo social constructivo en culturas de todo el mundo.
“En la Villa 31, por ejemplo, te encontrás con gente paraguaya, peruana o boliviana, además de con argentinos, y esa pluralidad te permite entender mejor lo que pasó en las crisis latinoamericanas”, destaca Bourbonnais. Pero para que este aprendizaje conjunto sea sustentable en el tiempo, él sabe que debe llevar Onica hacia lo exponencial, multiplicar los canales. En esa línea, en paralelo a los talleres para los más chicos, Levy intenta trasmitir sus conocimientos y pasión a los más grandes, futuros instructores.
Mientras que en Perú y en Cuba el apoyo de las organizaciones sociales hizo innecesaria la participación estatal, lograr una mínima expresión de voluntad, al menos, de las autoridades argentinas, se dificultó sobremanera. “Entiendo que tienen prioridades más importantes que este proyecto, pero a la vez preferimos la idea de mantenernos independientes, porque la plata necesaria para viajar la conseguimos por el gobierno de Québec y las armónicas por donaciones privadas, y porque los gobiernos en general se meten mucho en lo que hacés.”
Entretanto, la experiencia sigue en marcha por los pasillos de las villas latinoamericanas. La última parada fue en Parque Patricios. Levy terminó el taller siendo hincha de Huracán. Y los pibes, con la satisfacción de saberse productivos, con la alegría de la obra artística en marcha y con la certeza de que esa armónica diatónica afinada en Do que les cabe entre las manos podrá mañana hacer las veces de la pelota Pulpito que le permitió a Diego Maradona desmarcarse del estigma y sostener con orgullo que él también es un villero.
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