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Discos: “En el aire” (Attomo, 2008) (*)

El segundo EP del cuarteto de Adrogué logra el cometido de hacer manifiestas sus influencias al ocultarlas, pero queda en deuda con la potencia que sí tienen en vivo. No obstante, el resultado está más logrado que su antecesor y los arreglos de teclas y cuerdas son precisos para el género, esta vez mucho más.

Por Luis Paz. Agencia NAN, 30 de mayo de 2009.- En el aire es el segundo EP de Attomo, una banda formada en 2004 en Adrogué y cuyo estilo no es preciso adelantar todavía, sino que se reconstruirá en todo este artículo. Pero es, también, uno de los pocos discos de corta duración que alcanzan el objetivo de mostrar las influencias del grupo escondiéndolas. Es que ellos --Leandro Guido en voces; Gabriel Gardeazábal en bajo, programaciones y coros; Julio Baca Paunero en guitarras y sintetizadores; y Guillermo Gardeazábal en batería y programaciones-- dicen que en su música aparecen referencias a Beatles, Floyd, Dylan, Bjork, Massive Attack, Chemical Brothers, Babasónicos y Cerati. Y es cierto. Pero lo bueno, de nuevo, es que eso no esté tan claro, que no sea obvio.

Su propuesta base es cruzar las sonoridades “orgánicas” (parches, cuerdas, gargantas y cables) con otras “tecnológicas” (teclados, programaciones y sintetizadores), si es que una batería no es en sí una tecnología, claro. Sobre esos ingredientes fundamentales construyen una identidad que les puede ser adjudicada como propia más allá de ciertas reminiscencias a contemporáneos como las canciones electropop de Intima y las baladas de teclado de Emmanuel Horvilleur. Y el agregado para la puesta en escena, para el show en vivo, es la estructura audiovisual que los acompaña y complementa, que si bien no es novedosa en su completitud, sí es cierto que aparece más como una expresión en sí misma que como un artilugio para generar emociones sobre el escenario.

En el aire tiene un sonido más crudo, lo que en realidad responde a un estadio más logrado de la búsqueda del sonido propio. Hay mayor sutileza que en Simple, aquel primer maxisingle que les abrió puertas en el Conurbano Sur y los tablados porteños. Eso está logrado principalmente por una composición más adecuada para el género en el que ellos se inscriben: el pastiche del “indie rock”. Que aún son artistas autogestivos es indudable desde que este segundo EP es un nuevo lanzamiento independiente. Pero más que “indie rock”, hacen rock con una importante dosis de pop electrónico y posmodernidad. Y allí es donde, ahora sí, las guitarras y programaciones apuntan de lleno, con arreglos eficaces.

En última instancia, Cerati y Spinetta están más presentes en las líricas de canciones como “Besos” (“Jugando a la farsa de la obviedad, te adentraste en mí”) o “Entre mis grietas” (“De flores que secan las hojas del viento y vine a ver cómo te trataba el tiempo”). “Dónde vas” se acerca a una cruza entre la música para videojuegos --quien haya jugado al Megaman X encontrará melodías que suenan familiares-- y climas post punk distorsionados por la amabilidad.

“Años luz” tiene segmentos propios del hardcore melódico tocados con lentitud, incluso líneas vocales interpretadas desde esa escuela. “Agua” tiene la densidad del electropop oscuro de comienzos de esta década (rastrear las canciones de desamor de los Adicta). Y “Destripando” oculta aquellas baterías entreveradas del trip hop y esas guitarras semiacústicas del rock de garage más blando.

Sin embargo, el disco no termina de lograr uno de sus cometidos: a la mezcla le falta la potencia suficiente como para invitar al baile, se queda en el concepto de canciones de fogón. Pero eso se resuelve fácilmente: viendo a Attomo en vivo.

* Attomo sigue presentando En el aire el sábado 20 de junio a las 21 en María Castaña, San Miguel, provincia de Buenos Aires.

Sitio:
http://www.attomo.com
MySpace: http://www.myspace.com/attomo

http://agencianan.blogspot.com/2009/05/discos-en-el-aire-attomo-2008.html

El funk como un abuso sexual (*)

El legendario patriarca del género comandó a una selección de músicos que supo calentar a la audiencia con un inolvidable cóctel de sonidos negros. Al cabo, el local de San Telmo quedó chico para una ceremonia que hoy tendrá su último acto.

Por Luis Paz. Cultura & Espectáculos – Página/12, 21 de mayo de 2009.- El debut de George Clinton & Parliament Funkadelic en Argentina fue irreprochable y sobrepasó todas las expectativas, por despliegue (con 16 músicos sobre el tablado durante tres horas), musicalidad y puesta en escena. Y también porque fue uno de esos debuts inolvidables, un acercamiento tántrico, hormonal y hediento a la zona pélvica del funk; y a la vez reflejo del onanismo con el que se utiliza la psicodelia. Es que aunque Clinton ya no acaricia sintetizadores y teclados y le susurra al micrófono cada vez menos palabras, cuando él y su compañía estable desfloran oídos, las piernas se estremecen y la cabeza da vueltas de verdad. Mentores, padrinos y educadores de artistas de todas las músicas, bien podrían haber sido denunciados por abuso sexual en masa con el show que dieron en La Trastienda.

Verlos aparecer de a uno sobre el escenario da miedo. Y no porque no sean gente bella, sino porque cada ficha sobre el tablero va agregando volumen a lo que se espera: un detalle sintético pero experimental de una gigantesca carrera de cuatro décadas, 60 álbumes (compilaciones, rarezas y discos en vivo incluidos) y ningún registro certero sobre la cantidad de músicos ultracalificados que participaron de ella. Tocaron catorce de sus composiciones originales, y el resto fue una ostentación necesaria que ganó en elegancia gracias a la calidad musical que sostuvieron, más allá de que el pequeño boliche intimista les quedó chico en acústica y padecieron demasiados problemas de sonido.

La gente se aguantó sentada en las coquetas mesas sólo hasta que El Señor George Clinton hizo aparecer su cabello caleidoscópico frente al micrófono. O sea, sólo dos temas: “Funk And Intellirie” y “Boop Gun”. Sin negar saludo, convite humeante ni guiño de ojos, Clinton tomó así para la voladísima “Cosmic Slop” (“Are you ready to fly?”, se oyó en off) la batuta de esta gran “banda de bandas”, que incluye no sólo a sus dos históricos proyectos, sino también a James Brown, a Jimi Hendrix (con dos imágenes suyas perdidas y muchas otras referencias simbólicas en el vestuario) y a Sly Stone; a Kool & The Gang y Prince y, por decantación tardía, a John Frusciante, Tom Morello y Vernon Reid.

Ya con “Flash Light” quedó claro que el recital sería un nuevo parto de aquellas canciones fun(k)damentales, que aún habiendo sido casi desfiguradas en comparación a sus registros fonográficos, siguieron siendo esbeltas. En “Rneedeep” y “Tear The Roof Off The Sucker”, los fraseos de viola y voces de Garry “Starchild” Shider (¡con pañales históricos!) fueron una cama elástica para las líneas vocales que Boogie Mosson (alejado de la guitarra por completo) arriesgó al estirar las notas desde los vientos de Greg Thomas, que luego hizo de su trompeta una herramienta dañina para la sanidad mental colectiva.

Otros que solearon para el recuerdo fueron el guitarrista Michael Hampton (luego de siete minutos de stand by por problemas técnicos), tras una máscara de boxeador mexicano y bajo una peluca afro y lisérgica; la sensacional y cautivante Mary Griffin, las jóvenes y modositas coristas Kendra Foster y Kim Manning y el bailarín Sir Nose, que hacia el final del show montó al escenario a media docena de chicas. Mención aparte para Belita Woods, de una capacidad oral increíble.

Más desapercibidos pasaron el agitador Peanut Johnson, envestido de gangsta rapper; el tremendo bajista Lige Curry (perfecto doble de riesgo de Sasha Baron Cohen) y el batero Franie Waddy. No estuvo el trompetista king size Bennie Cowan. Tampoco Eddie Hazel, guitarrista fallecido, pero sí su homenaje a Hendrix (“Maggot Brain”), que estremeció luego del clásico “Free Your Mind (And Your Ass Will Follow)”, literalmente: liberá tu mente y tu trasero irá detrás.

Entonces llegó el momento del coro y el baile popular para “One Nation Under a Groove”, un manifiesto tardío del funk que funciona en plan metalingüístico, como todo el funk que habla básicamente del funk, pero también de las babies, el squeezing y la nocturnidad. Y el momento catártico de la cantante de rhythm & blues Mary Griffin, que terminó aceitada por el sudor pero zafó del mosh que los jóvenes de las primeras filas le obligaron a la provocadora Kimberley Manning.

El final fue con “Red Eyed Mama” y el perreo reggaetonero de las coristas del grupo y las valientes que subieron al escenario; y “Atomic Dog”. Fueron tres horas en las que los que quisieron el funk, tuvieron el funk; donde por momentos 30 cuerdas (cuatro guitarras y un bajo de seis cuerdas) masajearon el lóbulo izquierdo; que permitieron un seudo striptease de Mister Nose y que acabaron con preservativos arrojados desde el escenario como confeti. Al calor popular y el mensaje sensual (y subliminalmente sexual) del funk, el regalo cobró más valor y fue guardado en el bolsillo o la cartera, junto a los volantes de Tony 70 que entregaban al salir de La Trastienda.

Y allí, recién al salir, aparece la única duda que dejó el recital: ¿cuánto tiempo más llevará saldar la deuda autoral local con el funk?

* George Clinton & Parliament Funkadelic cierra su ciclo de recitales hoy a las 21 en La Trastienda, Balcarce 460, San Telmo.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/3-13949-2009-05-21.html

Babasónicos: “La ética de las ideas no tiene precio” (*)

En un encuentro que incluye a Victoria Mil, El Mató A Un Policía Motorizado, Coco y Travesti, el grupo seguirá buscando en el concierto una renovada intensidad para sus canciones: “Los shows nos dan una segunda visión del disco”.

Por Luis Paz. Cultura & Espectáculos – Página/12, 16 de mayo de 2009.- Cuando entra al bar, un Diego, Tuñón, pide un café doble pero sólo si es de máquina. Otro Diego, Rodríguez, ingresa con la retirada de su casco y el balanceo de unos rulos que ganan brillo por sus ojeras. En el local de al lado, el Diego final, Castellano, charla con Adrián, que es Dárgelos; con Mariano, que es Roger; y con Carca, que no se sabe qué es. Mucho +, reciente álbum de Babasónicos, es a priori la razón para que un par esté de este lado de la medianera, dando una entrevista; y aquéllos del otro, ensayando para el recital que darán hoy en el Club Ciudad, en lo que será su show (casi) en solitario más convocante en una carrera de veinte años y similar cantidad de ediciones.

Por otra parte, es la segunda entrega de una trilogía inconclusa por la muerte de Gabo Manelli y que pudo haber tenido un Mucho + (todavía) viendo la calidad de los siete inéditos que incluye, de “Para lelos”, una bella balada de dos minutos compuesta por Dárgelos y Miguel Castro (Victoria Mil) a “El pozo”, en la comisura del hit moderno; desde “Parece”, de sus pocas canciones que muestran tintes rioplatenses, hasta un tema que estrenaron con Mucho en el Luna Park: “Todo dicho”, de lo más posiblemente autobiográfico en Dárgelos... y sólo posiblemente.

De yapa, el remix de “Pijamas” (hit fundacional del floggerío) y dos mezclas alternativas (“Nosotros” y “Yo anuncio”) que mucho no suman. En definitiva, un Lado B como la Vedette y el Groncho de hace diez años. Y ahora parecen los únicos que podrían hacer un EP en vinilo que sea disco de oro. Algo que, dada la coyuntura, interesa mucho más.

–Las bandas que, como ustedes, fueron cabezas de festival en esta década se están desmembrando o haciendo mitosis (cuando no mitología), pero ustedes sobreviven a eso. ¿Tan bueno está tocar en Babasónicos?
D. Rodríguez
: –La paso muy bien tocando, siento que es la manera en la que crecí, en la que me hice músico, productor, director de cine, cosas que no era. Y me encanta todo lo que viene detrás. Y que ellos me exijan más y yo a ellos, porque parece entonces que hay algo más.

–En principio, el recital en el Club Ciudad...
D. Tuñón
: –Siempre está bueno tocar en Buenos Aires, son los shows bisagra donde podemos tener una segunda visión del disco, que para no-sotros consiste en ordenarlo distinto y darle otras intensidades. Porque lo que sucede en Babasónicos pasa en la calle, en los shows.

–Y en el estudio: no se suele reparar en esto, pero ya publicaron más de 180 canciones originales entre Pasto y Mucho + y todo lo demás.
D. T.
: –Con los años me di cuenta de que Babasónicos es la performance. Sólo nos permitimos hacer shows con novedad porque nos gusta el juego de incidir sobre ella. Pero nos encanta el estudio y producimos por eso. Ya que de pedo podemos editar nosotros, la idea es usar el sello que tenía los discos independientes (Bultaco) para publicar a otros.

–Ese proyecto de editar debe tener que ver con la convocatoria a Coco, Travesti, Victoria Mil y El Mató A Un Policía Motorizado para hoy.
D. T.
: –Estamos muy contentos de haber podido armar ese minifestivalito con estas bandas. Y tiene que ver también con abrir la mente a lo que está sucediendo, porque hace 20 años que estamos en esto y podríamos llegar a creer que las cosas son de una sola manera. Tocar con ellos y ante público de ellos nos va a poner en evidencia. Ya somos gente grande.

–Que inició a una generación en la manifestación grupal del rock, en “el rock de verdad, con amistad”. ¿Se imaginan cansándose de esto?
D. R.: –Yo quiero salir de gira toda la vida, a lugares más chicos, más grandes. Además nos llevamos muy bien de verdad entre nosotros y con nuestro staff, y eso hace que haya muy buena onda para trabajar.

–Entonces el suyo es mejor trabajo que vivir en la isla Hamilton...
D. R.: –Sí, si pensamos en que nos fuimos realizando todos y juntos, como músicos, como pibes, como muchachos, como hombres, como amigos.

–Es difícil no pensar en problemas de ego para el que lee desde un contexto donde los compositores de bandas convocantes se divorcian.
D. R.
: –Mariano (Roger) compone cosas hermosas de principio a fin, te trae la melodía de la voz, todo armonizado de una manera que me vuelve loco. Yo hasta Mucho no me sabía ningún tema para tocarlo “de fogón”.

–Pero baila mejor...
D. R.: –A eso voy, a que cada uno puede desarrollar su talento y los demás lo alientan. No competimos y nadie cobra uno y medio y el otro uno.

–¿Ya piensan en revalidar esa unidad en un próximo disco?
D. T.
: –Siempre. A veces me gustaría hacer discos más colgados y a la vez no, y preferiría hacer uno que no te dé ganas de skipear. Tratamos de convertir el cuelgue en una canción pop. Si precisáramos un single nuevo lo tendríamos, podríamos sacar cuatro y después llenar el disco.
D. R.: –Pero no nos lo permitimos porque para qué nos sirvió sino el tiempo que pasó entre una obra y otra, ¿no aprendimos nada nuevo?
D. T.: –Se trata de ser éticos, primero que nada con nosotros mismos. Por eso vemos que cualquier tema de Mucho podría haber sido un corte.

–Momento, ¿ustedes no eran los mismos de “la música no tiene moral”?
D. T.
: –La ética de las ideas no tiene precio. Tenemos la ética de generar contenidos y a la vez tenemos una fiebre por estar juntos y tocar.

–¿Entonces están seguros de no separarse? Hay paranoia, entiendan...
D. T.: –El día que digamos que nos separamos es porque no queda otra opción pero eso sería mentira hoy, porque por ahí hablamos de entrar a grabar a fin de año. No nos va a dar siempre el cuero para hacer 150 shows por año, pero estamos viendo de volver a tener el estudio propio, de generar música de películas y el tiempo entre discos se va a reducir.

–Como se vienen reduciendo los tiempos intradisco. Ante cada nuevo álbum suyo, la pregunta es si la síntesis puede ser más compleja aún.
D. R.
: –Hay gente con talento para las cosas complejas y otros que hacen un desarrollo y tal vez sacan una porquería, como que el virtuosismo los vuelve más pedorros. El virtuosismo no es talento, es destreza. Sí, nosotros tratamos de hacer una síntesis más compleja, tal cual. Y para eso lo que hacemos es estar al servicio de la canción, ayudarla.
D. T.: –Si nos quedáramos quietos y quisiéramos mantener este status, podríamos hacerlo con el pasado y no ser éticos o separarnos y volver.

–Para esa ocasión, entonces, el River solos, lo único que les queda...
D. R.: –No convencemos a tantos, no somos una banda para River.

* Babasónicos toca hoy a las 21.30 en el Club Ciudad, en el marco del Babafest del que participan Travesti (19), Coco (19.30), El Mató A Un Policía Motorizado (20) y Victoria Mil (20.40).


http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/3-13893-2009-05-16.html

Discos: “Mariano Massolo Quinteto” (Mariano Massolo Quinteto, 2008) (*)

El primer álbum del armonicista es una celebración con amigos, un recupero de ciertos standards olvidados y una exploración de la técnica del overblow. Sin virtuosismos, el álbum cautiva por su sencillez y amabilidad.

Por Luis Paz. Agencia NAN, 16 de mayo de 2009.‑ Perdón al lector que ya conozca el dato y no tenga ganas de releerlo, pero existe una diferencia entre las armónicas diatónicas y las cromáticas que no es tan sutil como la existencia del “botoncito” lateral que hace destacar a las segundas. Con las diatónicas se pueden ejecutar básicamente notas o acordes mayores. Y las cromáticas suman a los sostenidos y bemoles. Por tanto, las del “botoncito” permiten mayor expresividad. Por eso es que unas se usan para el rock, el reggae, el funk y la música country, especialmente; y otras para el jazz, el blues, la bossa nova, la música klezmer o el bluegrass.

Pero Mariano Massolo prefiere tocar todo eso junto con la simpleza de una única herramienta, una diatónica, algo equivalente a lograr con seis cuerdas pero en sólo cuatro trastes toda la diversidad sonora de una guitarra.

Mariano Massolo Quinteto, a la vez nombre de su primer registro fonográfico y del ensamble que encabeza, es básicamente un disco de exploración de las posibilidades de su diatónica mediante los recursos técnicos del overblow y overdraw que aprendió del armonicista estadounidense Norton Bufalo y perfeccionó ampliamente al estudiar con Howard Levy, el “papá” de esta particular técnica.

Mediante ella, Massolo relee standards compuestos para cromática y canciones tradicionales, y ejecuta tres creaciones originales (“Mateo’s blues”, “Blues del Junco” y “Blues Patán”) con un swing muy destacable y un resultado amable, sutil y flashero que aporta mucho pero no llega al virtuosismo porque Massolo no cae en el abuso.

En ese conglomerado, destacan la versión del clásico de The Skyliners “Since I don’t have you”, de las pocas interpretaciones con voces (en este caso de Kevin Johansen, con quien Massolo comparte The Nada) y las propias obras de Massolo, más bien por la novedad, aunque la mayoría de los standards estén logrados con correción.

La “banda de acompañamiento” es en realidad un grupo de amigos y un buen combinado de intérpretes jóvenes: el guitarrista Ramiro Penovi, el armonicista Matías Fernández, el contrabajista Adrián De Felippo, el clarinetista Eduardo Prado, el flautista Andrés Reboratti, el baterista Javier Martínez (¿el de Manal?) y los pianistas Patán Vidal y Jorge Navarro.

Y sí, claro, el disco termina siendo también una celebración de esa amistad, lo que queda claro en dos composiciones compartidas de Massolo: “Blues del Junco”, a medias con Gaby Myndlis, autor de música publicitaria y para televisión, y dedicada a Carlos del Junco; y “Blues Patán”, compartida con Patán Vidal, músico, compañero y amigo. Y por otra parte, “Mateo’s Blues”, donde se da un diálogo interesantísimo entre la armónica de Massolo y el piano de Vidal.

* La presentación de Mariano Massolo Quinteto será el próximo jueves 21 a las 21.30 en el Teatro Empire, Hipólito Yrigoyen 1934, Ciudad de Buenos Aires.

Sitio:
http://www.massolo.com

http://agencianan.blogspot.com/2009/05/discos-mariano-massolo-quinteto-mariano.html

Siddhartha Spiritual Project y la comuna de Villa Pueyrredón (*)

Ocho inquietos que cruzan su música con una multiplicidad de otras artes desde la Casa Rosa, algo así como la Casa de Gobierno pero a pequeña escala y con músicos en lugar de políticos. Emplazado en tierras porteñas, ese escenario vio nacer una banda, Siddharta Spiritual Project; a un par de parejas; albergó muestras plásticas, ciclos de tambores y de improvisación poética: y, además, cobijó a Agencia NAN para esta entrevista, donde los miembros del grupo comentan la trastienda de la vida en comunidad, destacan páginas de su anecdotario y adelantan la edición de su inminente primer disco.

Por Luis Paz. Agencia NAN, 10 de mayo de 2009.- Es dramática la parsimonia con la que Martín “Monthy” Torralba recuerda en voz alta que “estuvo bueno eso del círculo de tambores”. Suena como un médium cuando distribuye esas siete palabras en cuatro segundos, con equilibrio y precisión de baterista, luego de que Fernando Van Lacke, en este caso el cantante y guitarrista de Siddhartha Spiritual Project, le comenta a Agencia NAN: “En la Casa Rosa empezamos haciendo eventos desde 2004, pero en estos cinco años mutó muchísimo. Hubo un estudio de grabación, se hicieron muestras de cine, pintura y música, un círculo de tambores, ciclos de improvisación, muchas movidas”.

Además de la obviedad de ser rosa, esta casa alberga muchas otras particularidades. En una habitación hay una galería de arte. En otra una carpintería. En cada rincón, muebles creados por la comunidad Siddhartha con materiales reciclados. En la cocina, bastante cerveza fría para la entrevista. Una escalera que lleva a un no lugar. Una puerta de entrada que nunca tiene llave puesta. Ventanas que, en lugar de servir para mirar hacia afuera, exhiben el arte de los de adentro: los ocho integrantes (y la familia extendida) de Siddhartha Spiritual Project, que el sábado próximo, desde la medianoche, cerrará el ciclo de recitales de la primera fiesta de Agencia NAN, en Alsina 535, Banfield.

Para eso, deberán dejar aquella petit Casa de Gobierno emplazada en Villa Pueyrredón y viajar hasta el Sur conurbano. Lo que para ellos es algo así como ir a la esquina a comprar puchos: “Cuando me puse a salir con Silvina, nos fuimos quince días a Misiones para tomar un poco de aire y terminamos viviendo cuatro meses en Brasil”, cuenta Fernando, refiriéndose a su compañera, de apellido Campesi, de seudónimo “neBÜla” y de profesión fotógrafa y diseñadora gráfica. “En Brasil empecé a ajustar las ideas y tuve el nombre del grupo, incluso probé algunas canciones que seguimos tocando”, va entretejiendo Fernando. De la ronda en el patio interno de la Casa Rosa --vestido con grafittis, mosaicos y macetas-- también participan Monthy; el bajista fretless y carpintero Matías Flocco; el saxofonista y poeta Eric Thiemer; y la corista y percusionista Soledad Nieto. Y ausentes, el flautista Andrés Bonvín (“un trotamérica”) y la sonidista, escenógrafa y ocasional productora Rocío “roÖ” Bravi.

“Si dependiera de los músicos tener esas cosas afiladas sería imposible, necesitás alguien que te dé una mano con esas cosas”, resuelve Flocco, que venía de tocar el bajo en la banda “de música aleatoria” Mamá Porno. La de SSP es otra de esas historias de bandas con cuantiosos integrantes, así que resumiendo, se puede decir que Monthy, Sole Nieto y Rocío Bravi fueron los últimos llegados al grupo (pero que habían estado con anterioridad en la convivencia de la Casa Rosa); y que con Monthy, el batero budista, las percusiones programadas por vía electrónica fueron abandonadas. Por otro lado, SSP también exploró muchos sonidos –reggae, funk, hip-hop, trip hop, jazz--, pero ahí sí que se complica resumir en menos palabras que diciendo: “Vayan a verlos" y ya.

-Vienen de una serie de ciclos acústicos. ¿Ustedes son de los que preparan cada show en función del sonido y del formato; o de los que cuando hacen un acústico tocan lo mismo pero con guitarras de caja y sin batería?
-Fernando: Del primer grupo, con seguridad. Un acústico no es sólo tocar más bajito: es buscar los arreglos para ese sonido, además de otra disposición mental y física.
-Flocco: No hay un botoncito que puedas apretar y te pase a acústico.

-Ajá. ¿Y eso lo convienen en asamblea?
-Fernando: Sí, trabajamos siempre en un sentido más amplio que lo que es la música. Al momento de mostrar una canción, el músico tiene tres millones de complicaciones, cosas que hacen a la difusión, la organización de fechas. Si no laburamos juntos, esas cosas no se darían y no estaríamos sintiendo el crecimiento que venimos viendo.

-¿Hasta dónde llega ese crecimiento?
-Mirá, en el sentido económico, este verano hicimos una gira que la pagamos tocando todas las noches, pero comimos bien, descansamos bien, y otra parte la reinvertimos en instrumentos. Y no es que uno se compra un súper equipo y los demás nada: se gasta un poquito en cada instrumento, en armarnos de un equipo de sonido propio, porque así, muchos con poco y no uno con mucho, los resultados se notan de verdad.

Gira, ciclos acústicos y bares porteños mediante, SPP también participó de la última edición de la FLIA (Feria del Libro Independiente y Autogestiva) ante un público “con mucha conciencia, gente que se pone a pensar y eso hace más interesante todo el asunto”, como apunta Flocco. “Sí, a todos los que vi la estaban pasando fenómeno”, termina de ilustrar Monthy. Porque, en definitiva, eso hacen los SPP: ilustran con una construcción plástica y mediante herramientas sonoras, o “meras frecuencias”, como convendrán luego, con el sol ya oculto tras del paredón, las botellas vacías y los ceniceros al borde del colapso.

-Su música tiene una importante dosis de espontaneidad que los asemeja a artistas plásticos, desde que escuchar una canción suya es intentar comprender sus salpicaduras de conceptos, de técnicas, de subjetividades…
-Monthy: Por más que un tema tocado en distintos shows parezca igual, siempre hay un rulo de más que se te ocurrió ahí, una parte del solo distinta, una coloratura vocal diferente. Nos pasa mucho con la improvisación, ahí sí es como pintar, una salpicadura, tirando baldes o pincelando, según cómo te va surgiendo, porque en eso se ve el arte que tiene el músico, los matices, el swing que le da a un tema, cómo lo siente él.
-Fernando: Y tiene que ver también con una formación multidisciplinaria, entonces buscamos un lenguaje más abarcativo que sólo el musical. Sole, Flocco y Sil pintan, Eric escribe, entonces le damos más vueltas por ese lado a SPP como una totalidad.

-¿Pero no es difícil orientar todas esas pulsiones, encausarlas en algo que, en definitiva, no dejan de ser canciones?
-Hubo una serie de apariciones tecnológicas que te permiten un horizonte más amplio cuando tenés un concepto, una idea, para bajar eso a vibraciones sonoras. Y ahora que sumamos la bata, ganamos mucho en expresividad. Es como un cambio de paradigma. Y hoy todo es válido a la hora de elegir hacia dónde querés encarar tu música. Después, claro, está el compromiso, el ponerle el pecho a esa decisión, el laburo que le dedicás.

-Es que en su caso, ese laburo que pueden dedicarle está ligado a otras cuestiones: plata, mantener una casa, sus relaciones, amistades, laburos y estudios…
-Eric: El tiempo te traba, obvio, porque tenemos la necesidad de trabajar. Cuando éramos más chicos nos juntábamos y capaz nos pasábamos desde las ocho de la mañana hasta la tarde tocando. Así preparamos la primera fecha, diez días después de que nos armamos como banda.
-Fernando: Lo que nos está faltando es ese tiempo para buscarle el concepto al disco, porque tenemos las canciones, tenemos cosas grabadas que la verdad nos parece que quedaron muy buenas, pero falta el desarrollo de construcción de lo que es el disco.

-La vida en comunidad (ya no las 24 horas, pero sí buena parte de cada día), ¿es tan rosa como la casa?
-Soledad: A veces discutimos, claro. Pero bien, porque discutimos cosas que hay que discutir para que esto marche.
-Fernando: Con muchos nos conocemos hace rato, además. Con Monthy tocamos mucho improvisando sobre el jazz. Con Sole nos conocemos desde quinto grado.
-Soledad: No vale preguntar la edad, eso sí.
-Flocco: Si te fijás, se están dando muchas movidas de grupos de personas, de artistas o de gente interesada en la cultura, con participaciones activas en movidas culturales que van reemplazando un discurso que antes era unidireccional. Ahora es como que hay un espacio para aquellos que se agrupan y laburan, como para que generen cosas.

-OK, si no está permitido preguntar las edades, al menos una orientación al lector: ustedes tienen entre 20 y 30 años, cocinan, lavan, planchan, estudian, hacen arte y laburan, de su arte o de su artesanía, con carpintería o con pintura…
-Eric: Andá a explicarle a una tía que laburás de ser músico.

Blog:
http://siddharthaspiritualprojectmusic.blogspot.com/
MySpace: http://www.myspace.com/siddharthaspiritualproject

* Siddhartha Spiritual Project toca el sábado 16 de mayo desde la medianoche en la primera Fiesta Cultural de Agencia NAN, junto a Androide Mariana y Dúo Covers. Además, habrá instalaciones y sorteos, cerveza libre toda la noche y bebidas a precios populares. Las anticipadas se consiguen vía mail a lectores@agencianan.com.ar

http://agencianan.blogspot.com/2009/05/siddharta-spiritual-project-y-la-comuna_10.html

Haiku IX.-

El arte del desorden
solo es un inconveniente
cuando se carece de memoria.

El oficio de una banda cansada (*)

“No nos veremos durante mucho, mucho tiempo”, sentenció Noel Gallagher ante 40 mil fans, confirmando el parate del grupo. Más allá de los hits y del entusiasmo del público, se notaron rispideces. El mayor de los hermanos se puso el show al hombro, pero Liam lució “disperso”.

[8] OASIS
Presentación de Dig Out Your Soul.
Músicos: Noel Gallagher (guitarra y voces), Liam Gallagher (voz y pandereta), Gem Archer (guitarra), Andy Bell (bajo) y Chris Sharrock (batería).
Público: 40.000 personas.
Duración: 100 minutos.
Domingo 3, Estadio River Plate.

Por Luis Paz. Cultura & Espectáculos – Página/12, 5 de mayo de 2009.- El britpop ya no es lo que era. Bueno, no lo es desde que Stone Roses y Happy Mondays, desde que Pulp y Blur, desde que Kula Shaker, desde que Elástica, Suede y The Verve... Pero cuando tras el cierre con “I am the walrus” Noel Gallagher confirma in your face que “no nos veremos durante mucho, mucho tiempo”, el Yenga del britpop se viene abajo. Incluso cuando Oasis dice hasta luego con un buen show –pero no muy contundente–, mostrando nuevo y gran baterista y al mejor (posible) Noel cantante. A Liam le bastó con pararse y desplegar esa técnica inexistente por fuera de él, Rotten y alguno de todos los Bob Dylan; aunque eso no disimuló su dispersión ni la coloratura vocal perdida, haya tenido poca o mucha alguna vez. El es claramente el quid de este “parate”, quien salió del escenario heréticamente cuando Noel cantó.

Por todo eso la melancolía aparece temprano en los concurrentes, cuando pasan de la luz naranja y las nubes lilas del cielo raso del domingo al Monumental convertido en un panal de públicos. Encima algún malvado programó The Verve, Stone Roses y Sex Pistols, y Los Tipitos intentan encontrar la forma “de recuperarla”. Quien dirigió ese atardecer tuvo una visión autoral muy clara: esa profecía autocumplida que a mediados de los ’90 tuvo a parte del mundo musical sostenido en sus cejas; esa banda que pocos mayores de 16 años enumeran cuando se les pregunta qué escuchan; sí, Oasis, los de “Wonderwall”, se van y se verá si vuelven.

A las 21 clavadas aparecen con algo que parece “Fuckin’ in the bushes” y van al grano con su primer manifiesto –“Rock n’ roll star”–, Liam aparentemente clean y una contundente carta de presentación de Chris Sharrock –que venía de ser batero de Robbie Williams– que obliga a reconsiderar aquello de “quebrar el record de bateristas de Spinal Tap” (si vuelven). En algún tramo del show les pasa lo que a toda gran banda de rock con aspiraciones populistas, de Babasónicos a Queen: de los 40 mil asistentes, la parte que se cree más calificada para participar del show no canta lo nuevo. Y al resto le encanta todo, todito, todo.

“The shock of the lightning” suena a sinceramiento de Liam (“Hay un agujero en el piso en el que estoy cayendo”), pero “Cigarettes & alcohol” trae a la memoria que el Oasis bardero es más divertido, como confirma “The meaning of soul”, otro crédito existencialista en plan “no te metas conmigo”. Luego, “To be where there’s life”, de Archer, aporta el verso que titula su séptimo disco de estudio.

En el primer evento “masivo” desde que se desató la pandemia, no se ve histeria por el acecho de la gripe porcina. Pero sí cuando luego de “Waiting for the rapture” –que no desentona entre las canciones de Noel– llega “The Masterplan”. ¿Cuál es el suyo? Eso estuvo claro siempre: hacer bricolages con la cultura pop rock inglesa (afanársela, si se prefiere); ser insolentes como para superar el “Beatles, más grandes que Jesús” con un “Oasis, la banda más grande del mundo”, ahora que en el estado actual del laicismo ellos sobreentienden que la comparación divina le queda chica a la banda de Manchester.

¿Son bricoleurs, entonces, o great pretenders? Magnéticos de una u otra forma. Noel, un gran compositor, con un lugar en aquella línea de “autores obreros ingleses con picardía, descaro y LSD encima” que se originó en Lennon. Liam, un cantante particular, acuñador de un estilo refractado y eventual compositor de temas simpáticos como “Songbird”, que llega después y pega mucho más en las plateas que en el campo.

“Slide away” y “(What’s the story) morning glory” explican por qué Oasis cautivó hace 15 años a toda una generación. ¿Hubieran sido lo que fueron de haber existido YouTube y Taringa! en 1994? Tal vez no y tal vez por esa nueva afición masiva al nicho es que no surgen grupos de estadio. Pero se debe ser justo: Oasis abrevó en el concepto de megabanda de los ’90 todo lo mejor de los ’60 y ’70; la suciedad de Madchester y las melodías de Johnny Marr; la lisergia y el alcohol; peleas internas y externas; disconformidad con la realeza y berretines de jet set. Y mantiene un nivel de autocrítica suficiente como para retirarse (un rato) en el alba del revival a la década pasada, con No Doubt y Fred Durst de regreso. En eso también le ganaron a Travis.

Liam se aplaude, infundado en muda grandilocuencia, para que lo aplaudan durante dos de sus aportes a Dig Out Your Soul: “Ain’t got nothin’” y “I’m outta time”. Esa petición de aplauso, en un contexto donde hizo mutis por el foro cuando su hermano cantó “The important of being idle”, es muy elocuente. Ni siquiera se miran.

“Wonderwall” y “Supersonic”, orillando el final, conjuran otra vez el drama en un show que, sin sobresaltos, con solidez, oficio y grandes canciones (o al menos buenas) llega a los bises habiendo satisfecho. Una nena le pide a Cucho Parisi que le saque una foto con los chicos de la tele y en River ya hay melodrama. Pero reaparecen sin Liam, para una despojada versión de “Don’t look back in anger” en la que Noel cae en el lugar común de dejar cantar al público con tanto altruismo como para salir inmaculado de la obviedad gracias a un tema excelente que el público agradece coreando “Noel, Noel”. “No hay tiempo para eso.”

Tira aquello de: “Vine a Argentina en 1989 como plomo, así que son 20 años de gratitud”, remata con el “at least not today” final y acabará de recomponerse en “Falling down”, novedad algo Beatles-algo Doors. Y recién entonces, en un gesto ostensible, Liam vuelve con las manos en los bolsillos, el mentón hacia arriba y el gran hit final. “Champagne supernova”, que bien pudo ser banda de sonido del viaje de muchos a River por aquel cielo naranja y lila, precisa la hora de la última canción de Oasis que sonará en vivo aquí “durante mucho, mucho tiempo”. Son las 22.32 y ellos son las rock n’ roll stars. Los tienen a todos clamando por “Live forever”, himno instantáneo de una generación a la que le molestaba dejar el joystick para ir a laburar.

Pero no. Se despiden como en el Luna Park en 1999 –regresaron en el Campo de Polo en 2001 y 2006– con “I am the walrus” y una hipérbole del ruido blanco; y todo queda demasiado expreso. Es como si dijeran: “Si es que no volvemos, esto es para que vean que intentamos ser más grandes que Los Beatles”. Seguramente dirían: “Y lo conseguimos”. Les falta su “Tomorrow never knows”, mal intentada en “Falling down”. Pero hasta aquí han servido al rock revival. Y sobrevivido ambos hermanos.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/3-13751-2009-05-04.html

Discos: “Cosas de Tomi” (Tomi Lebrero, 2008) (*)

Cantautor, multiinstrumentista y poeta viajero, Lebrero publicó el año pasado un disco de música popular y federal que cruza al rock con la milonga y el folklore; a Mafalda con Freud y Lacan; y al gaucho con la ayahuasca y Los Andes.

Por Luis Paz. Agencia NAN, 2 de mayo de 2009.- Sí, Tomi Lebrero tiene su propia biblia junto al calefón: “Ya ni al baño podía ir, ciego que apunta con decoro. ¡Qué importa si llega a venir! La guitarra está junto al inodoro”. Su propio dilema moral: “¿Por qué me pasa todo justo a mí? Sé que soy artista y que digo alguna verdad; pero si sigo, oficial, juro ser inofensivo”. Y una anécdota que le es tan propia como a cada uno de los que alguna vez intentaron, con mayor o menor eficacia, componer una canción sin poder despegarse de una Ella: “Me pasé las vacaciones que tanto anhelé haciéndole canciones a mi ex”.

Sí, Tomás Lebrero es uno de esos músicos sensibles que dice curiosidades con amabilidad; uno de esos locos lindos que muestran genialidades; de los que no pueden despegar su ánimo del clima ni su alma de todas las que con él pasaron algo, de los amigos que comparten ahora, del mundo que sufre al mundo: “Los bueyes son de Freud, las vaquitas de Lacan. Soy sólo esto”, resume en “Milonga progresiva”, cuarto segmento musical de su reciente Cosas de Tomi, un álbum en el que cruza al rock con el tango, el vals y el folklore para hablar de gauchos, psicoanalistas y muchachos abandonados. Eso con frescura, memoria y humor.

Por momentos parece un artista de capital provincial llegado a La Cueva en su mejor época, que intercambió versos con Nebbia y Moris –“El amor en Buenos Aires”--. En otros su voz se presenta como la de una cantora de música popular entrada en edad, con buen registro y muchas canas –“Siete días”--. Y para sumarle a toda esa versatilidad, encima es multiinstrumentista y grabó bandas de sonido para cuatro films argentinos, entre ellos UPA, Una Película Argentina, distinguida como Mejor Película del Bafici 2007.

En resumen, un artista interesante con una obra consecuente que tiene de Joyce aquello de contar el todo mediante la reconstrucción de cada parte desde una óptica particular. Así, puede ser el porteño que espera el invierno, el enamorado que inventa litorales en su musa, el artista espontáneo, el gaucho descreído de la Teoría Psicoanalítica, el abandonado, el recuperado o el cronista que reseña la historia de “Nadalina”. Y este disco --menjurje un poco andino, un poco pampero y un poco capitalino-- es la bitácora de esas experiencias que podrían haber intitulado a esta producción Vidas de Tomi. O La Argentinidad al palo, si no lo hubiera usado ya Bersuit Vergarabat.

La primera parte del álbum fue grabada en Dolores. La segunda, en Tilcara (Jujuy). “Ayahuasquico” es una canción tradicional peruana. En “Menos palabras” revisita a Macedonio Fernández y en “Siete días” a Vinicius de Moraes. Ese eclecticismo regional le sienta perfecto a estas trece canciones crudas, espontáneas y populares en el sentido en el que las entendería Jesús María Barbero; y que albergan, hacia el final del disco, algo parecido y distinto al "Niña de Tilcara" de Pity: "Fue en enero de Tilcara en una peña machado, eran cúpulas de iglesia, eran pechos tucumanos. Le bailé la chacarera, dije 'vamos al cuartito'; parecía un film de Fellini: ella grande y yo chiquito. Entre sus ubres hermosas yo era fiambre Palladini".

Para esa producción federal, su grupo de acompañamiento, El Puchero Misterioso, se vio ampliado con músicos locales e invitados de toda índole. El resultado final es lo que promete contener el diseño de tapa: una serie de formas, colores y texturas encuadrados por la identidad popular argentina. ¡Si hasta aparece Miguelito, el amigo de Mafalda!

MySpace:
http://www.myspace.com/tomilebrero

http://agencianan.blogspot.com/2009/05/discos-cosas-de-tomi-tomi-lebrero-2008.html